Un equipo de investigadores del RMIT desarrolla un ladrillo a base de tierra prensada y cartón

Publicado el 12 enero 2026

La investigación y el desarrollo de nuevos materiales se encuentran en auge, impulsados por la urgencia de reducir emisiones y encontrar alternativas a materiales tradicionales como el hormigón y el cemento, responsables de cerca del 8% de las emisiones globales de CO₂.

Ya vimos hace unas semanas distintos materiales de construcción hechos a base de residuos orgánicos. En esta ocasión, se trata de un ladrillo experimental desarrollado por un equipo de investigadores del Real Instituto Tecnológico de Melbourne (RMIT). Este innovador material combina tierra prensada y cartón reciclado para dar lugar a un material estructural con una huella ambiental mínima y grandes posibilidades para la edificación del futuro.

El ladrillo elaborado a base de tierra prensada y cartón, junto a uno recubierto de fibra de carbono. Imagen: RMIT

Origen y funcionamiento del ladrillo de tierra y cartón

La idea de construir con tierra no es nueva: durante siglos, casas y estructuras de todo el mundo se han levantado con técnicas de tierra apisonada, aprovechando la masa térmica y la disponibilidad local del material. Sin embargo, el auge del cemento y el hormigón desplazó estas técnicas hacia un segundo plano, sobre todo en contextos urbanos y proyectos de gran escala.

El equipo de RMIT ha reinterpretado la tradición con un enfoque contemporáneo y sostenible: en lugar de estabilizar la tierra con cemento, como se hace habitualmente, han optado por confinarla dentro de un encofrado permanente de cartón reciclado, prescindiendo por completo de conglomerantes industriales.

El resultado es un material denominado «tierra apisonada confinada en cartón» (CCRE, por sus siglas en inglés) que se obtiene al compactar tierra y agua dentro de tubos o moldes de cartón. Estos moldes permanecen como parte integral del muro o columna, actuando tanto de estructura como de protección frente a la expansión lateral de la tierra. El cartón, además de ser reciclable y abundante, aporta resistencia al conjunto, mientras que la tierra proporciona masa térmica y estabilidad.

Según los ensayos de laboratorio, el sistema alcanza una resistencia comparable a la de la tierra apisonada estabilizada con cemento, pero con una huella de carbono hasta un 75% menor.

Uno de los aspectos más innovadores es la posibilidad de fabricar estos elementos in situ, utilizando la tierra disponible en el terreno y simplemente transportando los moldes de cartón, lo que reduce drásticamente la logística, el consumo de recursos y la generación de residuos.

Ventajas arquitectónicas y sostenibles del sistema

Además de estos dos últimos aspectos mencionados, el ladrillo de tierra y cartón desarrollado por RMIT abre un abanico de ventajas para la arquitectura sostenible y la construcción de bajo impacto, especialmente en viviendas de una o dos alturas y proyectos modulares o de emergencia:

  • Aprovechamiento de residuos: El sistema utiliza cartón procedente de residuos urbanos, transformando un desecho abundante en recurso estructural. Solo en Australia se generan más de 2 millones de toneladas de residuos de papel y cartón cada año, una parte de los cuales puede tener una segunda vida en la construcción.
  • Aislamiento y confort térmico: La alta masa térmica de la tierra regula la temperatura y la humedad interiores, mejorando el confort y disminuyendo la necesidad de sistemas mecánicos de climatización.
  • Versatilidad y modularidad: Los investigadores han diseñado moldes de cartón plegables, inspirados en el origami, que pueden transportarse planos y ensamblarse en el lugar de trabajo, facilitando la construcción personalizada y la arquitectura modular.
  • Accesibilidad y economía: El bajo coste del material, la facilidad de construcción y la logística simplificada hacen del sistema una opción viable para zonas rurales, regiones con difícil acceso a materiales industriales o contextos de emergencia y reconstrucción.

Además, el estudio del RMIT ha desarrollado una variante con encofrado de fibra de carbono, orientada a soluciones de mayor exigencia estructural, que alcanza resistencias similares al hormigón de alto rendimiento pero con mucho menos peso y emisiones.

Retos, proyección y futuro en la arquitectura sostenible

Si bien los resultados son prometedores y alineados con los principios de la economía circular y la descarbonización, el material todavía se encuentra en fase experimental. Quedan por resolver cuestiones como la durabilidad a largo plazo o la resistencia en grandes estructuras. Sin embargo, la solución abre vías para un renacimiento de la construcción en tierra, adaptada a las necesidades y retos del siglo XXI.

La proyección internacional del sistema es evidente: organizaciones de vivienda social, diseño ecológico y reconstrucción en contextos de emergencia han mostrado ya interés en la propuesta. El impacto potencial es significativo, ya que permite construir de manera responsable, eficiente y con recursos disponibles localmente, facilitando la autosuficiencia y la resiliencia en entornos vulnerables.

En un sector responsable de cerca del 40% de las emisiones energéticas globales, innovaciones como esta pueden marcar el camino hacia una arquitectura verdaderamente sostenible, donde la elección de materiales y sistemas constructivos juegue un papel tan relevante como el diseño y el uso eficiente de la energía.

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