Elena Vilches y David Moreno, fundadores de Enmedio Studio: “El gran desafío es que todos los agentes implicados asuman que la sostenibilidad no es un extra, sino una forma distinta y necesaria de tomar decisiones”

Publicado el 26 enero 2026

Esta semana hemos conversado con Elena Vilches y David Moreno, fundadores de Enmedio Studio, una firma de arquitectura sevillana que cuenta con una cartera de proyectos tanto en España como en el extranjero, todos ellos diseñados con la sostenibilidad como elemento vertebrador.

Aun así, ellos defienden que hacen “arquitectura de toda la vida” pero con “un punto sostenible”. Y es que no es de extrañar, ya que ambos son evaluadores y consultores de los principales sellos ambientales: VERDE, Passive House, BREEAM o LEED, entre otros.

Además, compaginan su trabajo en el estudio con el mundo académico dirigiendo tesis doctorales, trabajos fin de máster y trabajos fin de grado. También participan en proyectos I+D+i tanto a nivel nacional como internacional.

David Moreno y Elena Vilches, fundadores de Enmedio Studio. Imagen: Enmedio Studio

Entrevista

¿Cómo y cuándo nace el estudio de arquitectura?

Enmedio Studio nace en 2017 a partir de una convicción muy concreta: la arquitectura tiene que medirse por lo que mejora la vida de quien la habita, no por la firma de quien la diseña. Veníamos de trayectorias profesionales e investigadoras que se cruzaban en un mismo punto: si queremos edificios más saludables, eficientes y resilientes, hay que cambiar el método.

Desde el principio trabajamos con una idea sencilla: poner al usuario en el centro significa diseñar con objetivos claros de confort, salud y eficiencia, y verificarlos. Eso implica integrar desde los primeros bocetos decisiones que tradicionalmente se “añadían al final”: orientación, luz natural, ventilación, control solar, envolvente, materialidad y detalle constructivo.

Con el tiempo, esa forma de trabajar se ha convertido en nuestra identidad, haciendo de nosotros un estudio que combina bioclimática, precisión técnica e innovación, con un enfoque muy pragmático: que lo proyectado funcione mejorando la calidad de vida del habitante/usuario, y minimizando el impacto con el medio.

Parece un objetivo sencillo, pero, para no ser banal, necesita dos ingredientes fundamentales. En primer lugar, dejar de lado el típico ego del arquitecto: el diseño no se impone, sino que se dispone. Por otro, acompañar el proceso de proyecto con un método científico claro y exhaustivo detrás; ya que una meta en arquitectura que no se pueda demostrar con números e indicadores se queda normalmente en un deseo. Nuestra diferencia está en haber diseñado una metodología de trabajo y diseño que permite dar pasos firmes para garantizar que la arquitectura proyectada funcionará tal y como fue concebida; convirtiendo los deseos en logros.

¿Concebíais la posibilidad de fundar un estudio que no tuviera a la sostenibilidad en el centro?

No. Ambos venimos de trayectorias profesionales e investigaciones previas punteras que permitieron vislumbrar la crisis socioecológica que se avecinaba mucho antes de que los medios y las universidades se hicieran eco de ella.

Para nosotros, el epicentro es la vida, en su concepto más amplio, y el bienestar del usuario —confort térmico, calidad del aire, luz natural, acústica, biodiversidad ecosistémica, y sensación de salud en los espacios interiores y exteriores—; y la sostenibilidad es la condición técnica para que ese bienestar y biodiversidad sea duradera y responsable.

Por eso, no entendemos la sostenibilidad como un “acabado” o un relato posterior al diseño. La incorporamos desde el minuto uno: decisiones pasivas, control de la energía, reducción de demanda, y elección de materiales y sistemas que reduzcan impacto y mejoren el ambiente interior y exterior al tiempo que permitan el desarrollo ecosistémico del entorno. No es un disfraz. Se convierte en una nueva naturaleza que viene por defecto en el proyecto final, sin la cual el edificio queda invalidado, y que proporcionará ese bienestar. Un derecho universal por el que todos deberíamos luchar, por nuestro bien y por el del planeta.

Además, hay una realidad que ya no es opinable: construir sin criterios sólidos de sostenibilidad aumenta el riesgo de obsolescencia (regulatoria, económica y ambiental). En ese sentido, no es una moda: es una responsabilidad profesional y una oportunidad para ofrecer edificios mejores.

Espacio Enmedio Studio, en Sevilla. Imagen: Enmedio Studio

Tenéis proyectos tanto en España como en el extranjero, ¿qué retos y oportunidades supone construir de forma sostenible en cada contexto?

El reto cambia, pero el punto de partida es siempre el mismo: entender el clima, el lugar y la cultura constructiva. Cuando trabajas en distintos países, lo que más condiciona el proyecto no es solo la normativa, también cambian la disponibilidad de materiales, la cadena de suministro, los oficios, los tiempos de obra y hasta la manera en la que un edificio se opera y se mantiene. Si no integras esas variables desde el inicio, es fácil diseñar algo “correcto en papel” que luego es difícil de ejecutar o de justificar económicamente.

Nuestro proceso arranca con un diagnóstico climático y de uso: temperaturas, humedad, radiación solar, vientos dominantes, amplitud térmica, estacionalidad y patrones reales de ocupación. A partir de ahí definimos objetivos verificables, como confort, demanda y calidad ambiental interior, y tomamos decisiones en el orden correcto: primero, reducir demanda con estrategias pasivas; después, dimensionar sistemas eficientes; y, por último, evaluar renovables. En términos prácticos, eso se traduce en elegir bien la implantación, la orientación, el control solar, la relación hueco-macizo, la ventilación (natural o mecánica según convenga) y el comportamiento de la envolvente. ¡Todo sin olvidar que la arquitectura es arquitectura y debe ser propositiva y ‘bella’!

La adaptación al contexto no la entendemos como una lista genérica de “estrategias por clima”, sino como un trabajo de lectura del lugar. Y ahí la arquitectura vernácula es una fuente de conocimiento imprescindible: concentra siglos de perfeccionamiento, economía de medios y ajuste fino al clima, porque tuvo que resolver confort y habitabilidad con recursos limitados.

Por eso, cuando llegamos a un nuevo contexto, dedicamos tiempo a entender qué soluciones tradicionales han funcionado —patios, galerías, porches, espesores e inercia, proporción de huecos, filtros solares, ventilaciones cruzadas, transiciones interior-exterior, materiales locales— y qué lógica hay detrás. A partir de ahí hacemos una reinterpretación contemporánea: traducimos esos principios a requisitos actuales (uso, normativa, acústica, hermeticidad, confort higrotérmico, mantenimiento), combinándolos con herramientas de análisis y con sistemas eficientes cuando es necesario.

Esa mirada evita dos errores habituales: importar soluciones “de catálogo” que no encajan en el clima real, o diseñar edificios que dependen en exceso de sistemas activos. Para nosotros, la sostenibilidad también es esto: aprender del territorio, proyectar con inteligencia climática y construir con una lógica que sea viable, durable y coherente con el lugar.

La oportunidad de trabajar en contextos diversos es doble: por un lado, te obliga a tener un método muy sólido, ya que de lo contrario te desordena el proyecto; por otro, te permite transferir aprendizajes y elevar el estándar más allá del “mínimo normativo”. Para nosotros, la sostenibilidad no se defiende con adjetivos, sino con decisiones trazables: criterio, diseño, datos y detalle constructivo.

Edificio Cero de Kömmerling, en Madrid. Imagen: Antonio Bellido.

También contáis con experiencia en construcciones de todo tipo y envergadura, ¿cómo es integrar los principios de la arquitectura sostenible en cada uno de ellos?

El éxito del estudio reside en implementar los principios de arquitectura bioclimática y sostenibilidad en todas las intervenciones de manera natural, a todas las escalas y tipologías: de lo micro a lo macro, del objeto al masterplan, de la nueva planta a la rehabilitación, e incluso con objetos BIC. Este es el verdadero reto.

Para lograrlo, hemos trabajado mucho en conseguir una metodología de trabajo versátil, capaz de trabajar en varias capas a la vez: en la escala urbana, decisiones como el soleamiento, la sombra y el comportamiento del viento condicionan todo lo demás; en la escala del edificio, la forma, la orientación, los huecos y la envolvente determinan la demanda energética y el confort; y en la escala del material y la obra, el detalle constructivo, los puentes térmicos, la hermeticidad, la gestión de residuos y la correcta ejecución son los que convierten un buen diseño en un edificio que realmente funciona.

Todo acompañado de diseño, de muchas simulaciones y de una intensa investigación. Siempre pensando en la ‘vida’ y el ‘confort del usuario’ como comentábamos antes, sin olvidar la importancia de generar una arquitectura de calidad.

Vuestros proyectos han conseguido los más reconocidos certificados ambientales, e incluso vosotros sois evaluadores acreditados de VERDE. ¿Cuánto de importante consideráis la obtención de certificados?

Los sellos ambientales son útiles cuando se entienden como lo que son: estándares de verificación y trazabilidad, no un fin en sí mismos. Aportan un marco que obliga a fijar objetivos, documentar decisiones y comprobar resultados, y eso reduce el margen de subjetividad. Ayudan a usar un método científico en el proceso de proyecto.

También tienen un impacto claro para el cliente: ayudan a posicionar el edificio, facilitan comparabilidad, pueden mejorar condiciones de financiación o comercialización, y reducen riesgos de reputación o de quedar fuera de los estándares que el mercado y la regulación van a exigir cada vez más.

Dicho esto, no todo proyecto necesita un sello para ser riguroso. Lo que sí necesita cualquier proyecto es criterio medible. En nuestro caso, la experiencia como Passivhaus Designers, Passivhaus Tradeperson, evaluadores VERDE y consultores BREEAM nos permite integrar desde el inicio el tipo de decisiones y documentación que convierten la sostenibilidad en una realidad comprobable. Se busque el certificado o no.

Para concluir las preguntas sobre vuestros proyectos, ¿cuál o cuáles destacaríais? ¿Por qué?

Es muy difícil elegir, porque hay muchos y todos tienen algo especial que nos exige una respuesta distinta. Pero, si tuviéramos que destacar algunos por su capacidad de explicar qué hacemos y cómo trabajamos, podríamos elegir estos:

Por un lado, en la mediana escala, el Edificio Cero de Kömmerling (Madrid). Nace de un concurso con un promotor especialmente sensible a hacer las cosas diferentes usando la innovación y apoyándose en el rendimiento real. A la ambición de “edificio cero” se sumó la obtención de tres sellos ambientales: BREEAM, Passivhaus y VERDE (GBCe). Es un proyecto que sintetiza bien nuestra manera de entender la sostenibilidad: metas claras, estrategia pasiva prioritaria y verificación.

Por otro lado, en la gran escala, nos quedamos con tres: el Centro Francés de Tecnología e Innovación (Sevilla), el Centro Biotecnológico de Kimitec (Almería) y el Centro Única Agrobusiness Center (Almería).

El primero, el CFTI, nos interesa especialmente porque el clima sevillano obliga a ser muy preciso con el control solar, la ventilación y el confort en distintas edades, ya que los usuarios del edificio abarcan desde la infancia hasta la adulta. El proyecto trabaja con principios bioclimáticos que la ciudad ha resuelto históricamente —sombra, transición entre interior y exterior, y control de radiación—, combinados con materiales y sistemas orientados a un ambiente interior saludable.

El segundo, el de Kimitec, por el reto que supuso integrar una gran variedad de usos mixtos (incluyendo el industrial) con nuestros principios de diseño. Ser capaces de bañar de luz natural una fábrica de casi 100x100m, o incorporar, por ejemplo, olivos centenarios de 14-16m de altura entre las lineas de producción fue un verdadero logro.

Finalmente, el tercero, el UNICA, porque quizás sea el proyecto en el que la forma del edificio tomó un mayor protagonismo en la integración de las estrategias pasivas y activas, dado que se trataba de un complejo de casi un kilómetro de largo en medio del desierto almeriense.

Por último, en la pequeña escala destaca la Casa Boomerang (Sevilla), por su capacidad de innovar desde lo constructivo: un sistema semi-industrializado que integra envolvente y estructura y minimiza puentes térmicos. Además, demuestra algo clave: la alta prestación no está reñida con una arquitectura cercana, doméstica y contenida económicamente. Aunque lo cierto es que lo que más nos gustó fue la familia con la que trabajamos.

Instalaciones de Kimitec, Almería. Imagen: Enmedio Studio

¿Existe algún material sostenible por el que sintáis predilección? ¿Por qué?

Nos interesa cualquier material que combine tres condiciones: bajo impacto, buen comportamiento higrotérmico y salubridad en el espacio interior. Por eso trabajamos con gusto con madera, tanto en estructura como en revestimiento; con arcilla en bloque o en acabados; y con aislamientos como celulosa, así como soluciones alternativas como la paja cuando el contexto lo permite.

La dificultad hoy no es técnica, suele ser de madurez de mercado: disponibilidad, industrialización, instaladores con experiencia, y una cadena de suministro que haga los precios más competitivos. Nuestro criterio es pragmático: buscamos el equilibrio entre ambición ambiental y viabilidad económica, sin sacrificar el rendimiento.

En paralelo, cuidamos muchos aspectos que a menudo se pasan por alto: emisiones en interiores, compatibilidades entre capas, durabilidad y mantenimiento. Para nosotros, la sostenibilidad no es solo el material, es el sistema completo y su comportamiento a lo largo del tiempo.

La investigación es otro de los pilares del estudio ¿Qué importancia consideráis que tiene promover la investigación en el sector de la arquitectura sostenible?

Es fundamental, porque la sostenibilidad no es un catálogo cerrado: es un campo que evoluciona a medida que entendemos mejor el clima, los materiales, la energía y la salud de los espacios. Investigar significa reciclarse, contrastar soluciones y evitar decisiones por inercia o por moda. Implica dar solución innovadora a problemas del presente cuya forma de enfrentarse (sin investigación) deja mucho que desear.

En nuestro caso la investigación es aplicada: tenemos nuestras propias líneas de investigación. Dirigimos tesis doctorales, trabajos fin de máster, trabajos fin de grado. Participamos en proyectos I+D+i nacionales e internacionales. Pero siempre buscando trasladar la investigación a la arquitectura de manera práctica. Utilizamos herramientas de simulación y análisis para anticipar comportamientos y comparar estrategias, y revisamos evidencias previas para no “reinventar la rueda”. Esto se traduce en decisiones más eficaces, menos despilfarro y proyectos con mayor probabilidad de cumplir lo previsto.

También creemos en la transferencia, por ello le dedicamos también mucho tiempo a formar a otros profesionales y equipos (normalmente a través de los Colegios Profesionales), colaborar con industria y contribuir a que la arquitectura sostenible deje de ser una especialidad y pase a ser práctica estándar en escuelas y empresas.

¿Cuáles son las soluciones más eficaces a la hora de perseguir edificios con un consumo energético casi nulo?

Pongámonos en el caso más extremo: hacer un edificio de consumo nulo. Para ello, es necesario tener en cuenta tres estratos que forman una pirámide muy clara:

Primero, reducir la demanda con estrategias pasivas. La energía más barata es la que no se consume. Orientación, proporción y posición de huecos, control solar, ventilación natural y nocturna cuando procede, envolvente de altas prestaciones, control de infiltraciones, iluminación natural y un volumen compacto, son decisiones que se toman desde el principio. Si se dejan para el final, suelen ser imposibles o muy costosas.

Segundo, cubrir los picos con sistemas eficientes. Cuando la estrategia pasiva está bien resuelta, los equipos necesarios son menores, trabajan mejor y consumen menos: climatización eficiente, recuperación de calor si procede, y una gestión inteligente del uso.

Y tercero, renovables para llegar al cero. Solo cuando la demanda está minimizada tiene sentido dimensionar renovables para aproximarse a la condición de consumo nulo.

Y un punto adicional: el éxito depende de cerrar el ciclo entre diseño y obra. El rendimiento real se gana —o se pierde— en el detalle y en su ejecución.

¿Creéis que la sociedad está concienciada sobre la necesidad de implementar propuestas arquitectónicas sostenibles para cuidar el medio ambiente?

Hay más conciencia que hace unos años, pero todavía existe una brecha importante entre el “estar de acuerdo” y el “hacerlo bien”. El gran desafío es que todos los agentes implicados —el promotor, el equipo técnico, la administración, la industria y la constructora— asuman que la sostenibilidad no es un extra, sino una forma distinta y necesaria de tomar decisiones. No es una opción, debería ser una obligación.

El promotor necesita entender el retorno real: menos consumo, más confort y salud, mejor valor del activo y menor riesgo futuro. El equipo técnico debe integrar lo pasivo desde el inicio y elegir soluciones que combinen rendimiento con viabilidad. Y la constructora es clave: la sostenibilidad se juega en la obra, en la continuidad del aislamiento, la hermeticidad, los encuentros y la reducción de desperdicio y residuos.

La buena noticia es que el sector se está profesionalizando: cada vez hay más clientes informados y más herramientas de verificación. Nuestra posición es clara: construir mejor es posible sin caer en discursos vacíos, pero exige método, colaboración temprana y una cultura de detalle.

El principal problema es que aún no se es plenamente consciente de que debemos construir de otra manera, y es ahí donde todos debemos poner de nuestra parte.

Gracias a Elena Vilches y David Moreno, fundadores de Enmedio Studio, por dedicarnos su tiempo y permitirnos conocer su trabajo.

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