Alejandra Calabrese, de Sucursal Urbana: “La sostenibilidad ya no es un lujo, sino una necesidad”

Publicado el 11 noviembre 2019

Uno de los muchos indicadores de que la arquitectura sostenible es un campo en auge es el cada vez mayor número y variedad de perspectivas, opiniones y visiones de los diferentes profesionales al respecto. Hay casi tantas formas de concebir la arquitectura sostenible como profesionales que la aplican. Porque no es una disciplina estanca. Es un campo vivo, cambiante y que evoluciona. Y eso no puede ser sino una excelente noticia.

Siempre hablamos de sostenibilidad en los materiales, espacios interiores, energía, reducción de la huella ambiental, pero ¿qué pasa con las propias emociones de los habitantes? ¿Cómo conciliar el respeto por la naturaleza con los gustos de los inquilinos? ¿Cómo crear espacios sanos y casas sostenibles que, al mismo tiempo, reflejen la personalidad de sus dueños?

Muchas de estas respuestas las ofrece el campo de la bioconstrucción, que ve en las percepciones de los inquilinos una de las claves para los espacios sanos. Uno de sus principios es la creación de espacios sanos y personalizados, en función de las necesidades y demandas del cliente. Y ejemplo de ello es el estudio madrileño Sucursal Urbana, “un proyecto común dedicado a la creación de espacios personalizados, aplicando para ello rigurosos criterios de SOSTENIBILIDAD, EFICIENCIA ENERGÉTICA, RECICLAJE y BIOCONSTRUCCIÓN, para que habitarlos no solo sea una experiencia estética y emocional, sino también saludable para los habitantes y para el planeta”.

Entrevista

Isabel Fernández: Expertos en bioconstrucción, ¿por qué habéis decidido enfocar vuestra carrera hacia este campo?

Alejandra Calabrese: Antes de fundar Sucursal Urbana, teníamos cada uno nuestra propia empresa. Julio Muñoz Lorca (cofundador de Sucursal Urbana) era director de una de las pocas constructoras que en ese momento trabajaban con criterios de bioconstrucción. Y yo tenía mi estudio de interiorismo.

Julio Muñoz y Alejandra Calabrese, fundadores de Sucursal Urbana

Siempre tuve la inquietud de profundizar en mi trabajo, no centrándome solo en crear espacios bellos, que también. Pero además tengo en mis manos la posibilidad de incidir en la salud de las personas que viven esos espacios, así como en la de nuestro entorno. Para bien y para mal. Es una cuestión de responsabilidad decidir hacia dónde quiere uno trabajar. Así que buscando empresas de Bioconstrucción encontré a Julio y empezamos a colaborar. Yo en los proyectos y él en la ejecución de obra. Y a partir de ahí surgió ‘Sucursal Urbana’ , que aúna los dos departamentos, orientados ambos, y desde el arranque, hacia la bioconstrucción.

Creamos espacios que no solo se centran en la estética, sino que conservan la salud de las personas y de nuestro entorno.

I.F.: Ofrecéis un servicio integral, desde la búsqueda del espacio hasta el diseño de la obra. ¿Cómo aplicáis criterios de sostenibilidad en cada una de las fases?

A.C.: Cuando alguien nos contrata para un 360 tratamos de adaptarnos a su presupuesto global, incluyendo la compra del espacio. Nuestro objetivo, además de dar un servicio completo con el proyecto y la obra, es tratar de que, dentro del mercado en el que nos movemos, su inversión sea más sostenible a largo plazo.

Decidimos ayudar a los clientes desde el principio porque el tema inmobiliario desde nuestro punto de vista está muy desfasado, y también en este campo debería empezar a buscarse la sostenibilidad. Es decir, tratamos de encontrar espacios equilibrados en cuanto a calidad-precio, aconsejándoles para que no compren por encima del valor que creemos justo. Para que el cliente pueda tener (además y con el presupuesto del que dispone) una casa hecha a su medida y ejecutada con criterios de bioconstrucción.

I.F.: ¿Con qué tipo de materiales soléis trabajar?

A.C.: Siempre tratamos de recuperar y reutilizar muchas de las cosas que nos vamos encontrando en las obras. Por eso, si tenemos la posibilidad de reutilizar materiales que ya existían, lo hacemos. Además, trabajamos con todo tipo de materiales, siempre y cuando su proceso de producción sea responsable y su deshecho no contamine. Además de tener en cuenta que los elementos con los que esté fabricado no emitan sustancias tóxicas volátiles en el espacio en el que estamos trabajando. Intentamos que el ciclo de vida de los materiales que utilizamos sea lo más ecológico posible. Siempre apostamos por materiales naturales: piedras, maderas…

No obstante, en cada proyecto comenzamos de cero. Escuchando al cliente y sus prioridades y diseñando para él. Por eso, hablamos con ellos, y les preguntamos qué materiales le hacen sentirse bien y cuáles no y, adaptándonos a sus demandas, buscamos los más adecuados para ellos.

I.F.: Especializados en arquitectura interior y decoración. ¿Qué es para vosotros un espacio sano?

A.C.: A nivel físico hay muchos ámbitos en los que un espacio puede o no estar sano. Es importante que de base no tenga algo muy nocivo para las personas que lo van a habitar. Por ejemplo, nosotros trabajamos en un entorno urbano y lo más importante es analizarlo para saber qué campos le pueden estar afectando externamente. Me refiero al campo magnético, campo eléctrico, electromagnético, geopatías, emisión de sustancias tóxicas volátiles, etc., para saber dónde están y cómo podemos tratarlos y minimizarlos.  Después, claro, hay que tener en cuenta en la elección de los materiales y de las nuevas instalaciones, que no estropeen ese trabajo previo que se ha hecho.

También un espacio sano es un espacio eficiente. Individual y colectivamente. Un espacio que consuma poca energía.  Se trata de buscar un equilibrio en los interiores. Para que el resultado sea un espacio libre de sustancias tóxicas, eficiente, en el que los materiales utilizados tengan también un ciclo de vida largo y, a nivel de residuos, sean limpios. Tanto en su producción como en su posible desecho futuro.

Y a nivel de diseño nosotros nos mostramos siempre como un canal para que el cliente pueda volcar su personalidad, sus emociones y sus necesidades a través nuestro. Porque eso también produce salud. Entrar en un lugar y que te sientas realmente acogido por él. Representado en él. Que te genere tranquilidad y armonía. Y estas emociones cada uno las vive a través de diferentes elementos y/o colores y/o materiales. Es algo muy personal y subjetivo. Por eso no es tanto volcar nuestros gustos o necesidades con el diseño, sino saber canalizar las de nuestros clientes.

I.F.: ¿Cómo es para vosotros un proyecto cuyo resultado sea idóneo?

A.C.: Me gusta mucho cuando de repente consigues que haya mucho equilibrio entre la parte económica y la técnica/arquitectónica. Que no se vuelva loco el proyecto.

Por ejemplo, cuando hacemos un 360, siempre buscamos ese equilibrio. Si con un presupuesto limitado, ofrecemos un proyecto a medida y un plus de salud reconfortada, sentimos que estamos poniendo nuestro granito de arena para mejorar las cosas. Y ese sería un resultado idóneo. Es decir, haber hecho lo que queríamos hacer sin que para el cliente suponga un perjuicio en su economía.

I.F.: ¿De qué proyecto o proyectos os sentís especialmente orgullosos?

A.C.: Hay varios, pero hace poquito acabamos de terminar un proyecto de una casa muy humilde y sencilla. Una segunda vivienda. En esta obra nos hemos ido encontrando por el camino preciosos materiales que ya tenía la casa y que estaban cubiertos por otros de muy mala calidad. Y al final hemos hecho un proyecto que no tenía nada que ver con el planteado inicialmente. No contábamos con estos materiales y tampoco con poder reutilizarlos. Al final ha sido casi un trabajo de restauración. De aunar mi trabajo de diseño con lo que ha ido apareciendo por el camino.

Lo acabamos en tiempo y presupuesto. Y los clientes han reconocido el trabajo y lo están disfrutando. Se han hecho nuestros cómplices y eso es una auténtica maravilla.

I.F.: A menudo se dice que la sostenibilidad está de moda. ¿Creéis que es cierto, o que va más allá y es una preocupación real?

A.C.: Yo creo sí. Que hay una parte de moda. Algo como muy snob. Pero también creo que, a corto plazo, va a ser una necesidad trabajar y producir con otros criterios. Hoy en día es una realidad.

Por ejemplo, nosotros llevamos trabajando muchos años en bioconstrucción y antes éramos cuatro “hippies”. Y este año ya hemos participado en la primera feria especializada en Bioconstrucción. Nos ha costado 15 años, pero ya está aquí. Porque la gente lo demanda y empieza a querer hacer las cosas de otra manera.

Creo que hay un sector que puede ser más superficial y de moda, pero hay otro grande en el que cada vez somos más personas y más competencia. Se empieza a ver como una opción igual de viable que cualquier otra que hay en el mercado. Ya no es algo de lujo sino una necesidad. Hay un movimiento real de preocupación por la sostenibilidad, porque se nos va a poner de frente. O cambiamos o nos van a comer la contaminación y los residuos. Y sí creo que está cambiando. Y esto se ve claramente en el mercado. A nivel de materiales, por ejemplo, antes era complicado presupuestar una obra de bioconstrucción asequible, ya que la oferta era escasa y, por lo tanto, más cara. Ahora, como hay más personas que empiezan a preocuparse por esto, hay más oferta de materiales sostenibles y bajan los precios. Se está “popularizando”. Y esto es lo que hará que deje de llamarse ‘moda’ para convertirse en nuestro día a día.

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