Xavier Vilalta (Vilalta Studio): “Regenerar no significa devolver un edificio a un estado anterior, sino activar su memoria para construir un nuevo ciclo de vida”

Publicado el 5 octubre 2026

Xavier Vilalta es arquitecto y fundador de Vilalta Studio, oficina con sede en Barcelona desde la que, desde hace dos décadas, desarrolla proyectos de arquitectura, urbanismo y diseño entendidos como un mismo campo de trabajo. Su práctica se centra en una aproximación climática y contextual al proyecto, donde la sostenibilidad se integra desde el inicio a través de la implantación, la orientación, la materialidad y los sistemas constructivos, con especial atención a la relación entre edificio, ciudad y paisaje. Con motivo del 20º aniversario del estudio, Vilalta presenta Living Patterns, un libro y una exposición que reúnen una selección de obras y condensan la metodología que ha guiado su trayectoria: leer el lugar, activar la memoria construida y transformar sus condicionantes en decisiones contemporáneas medibles.

Xavier Vilalta, fundador de Vilalta Studio

¿Cómo y cuándo nace Vilalta Studio y qué os llevó a orientar el estudio hacia sostenibilidad, urbanismo y diseño como un mismo campo de trabajo?

Vilalta Studio nace en Barcelona hace veinte años con la voluntad de desarrollar una arquitectura capaz de responder de manera responsable a las necesidades de las personas y a las condiciones específicas de cada lugar.
Desde el inicio entendimos que la sostenibilidad no podía ser una capa añadida al proyecto ni limitarse a la incorporación de determinadas tecnologías. Debía formar parte de su propia concepción: de la implantación, la orientación, la materialidad, los sistemas constructivos y la manera en que el edificio se relaciona con su entorno. Esta visión nos llevó a trabajar la arquitectura, el urbanismo y el diseño como escalas interdependientes. Un edificio nunca es un objeto aislado: forma parte de una ciudad, de un paisaje, de un clima y de una determinada manera de habitar.
Esta trayectoria se recoge ahora en Living Patterns, una exposición y un libro con los que celebramos los veinte años de Vilalta Studio. Ambos reúnen una selección de proyectos y reflexionan sobre los patrones sociales, climáticos, culturales y constructivos que han orientado nuestra manera de entender y hacer arquitectura.

Definís vuestra arquitectura como un puente entre tradición y contemporaneidad. ¿Qué criterios seguís para seleccionar soluciones locales o tradicionales y convertirlas en decisiones de diseño con prestaciones medibles hoy?

Entendemos la tradición como una forma de inteligencia acumulada. Contiene conocimiento sobre el clima, los materiales disponibles, las técnicas constructivas, la organización de los espacios y las formas de vida propias de cada territorio. La arquitectura tradicional no surge de una decisión exclusivamente estética. Elementos como los patios, los porches, las persianas, los muros de gran inercia térmica o las cubiertas inclinadas responden a necesidades concretas de protección solar, ventilación, regulación térmica o evacuación del agua. Del mismo modo, el uso de materiales locales estaba relacionado con su disponibilidad, su adaptación al clima y la facilidad para mantenerlos y repararlos. Nuestro trabajo consiste en identificar la lógica que existe detrás de esas soluciones y reinterpretarla mediante herramientas contemporáneas. No se trata de reproducir formas del pasado, sino de conservar su inteligencia ambiental, espacial y constructiva. Actualmente podemos evaluar estas estrategias mediante simulaciones energéticas, estudios de iluminación natural, análisis de confort térmico, consumo de agua, carbono incorporado o durabilidad. El puente entre tradición y contemporaneidad se produce cuando una respuesta local mantiene su sentido y, al mismo tiempo, es capaz de cumplir las exigencias técnicas, normativas y ambientales actuales.

En proyectos donde la relación con el paisaje es central, ¿cómo se traduce la integración con la naturaleza en decisiones concretas de implantación, orientación, topografía y vegetación desde las primeras fases?

La relación con el paisaje comienza antes de dibujar el edificio. El proyecto no parte de una forma predeterminada, sino de una lectura atenta del lugar y de las condiciones que pueden convertirse en materia de proyecto. Analizamos la topografía para adaptar la implantación al terreno, reducir movimientos de tierra y preservar, siempre que sea posible, su configuración natural. Estudiamos el recorrido solar, los vientos dominantes, la hidrología, las vistas, la vegetación existente y las relaciones con el entorno construido. Estas condiciones determinan dónde se sitúa el edificio, cómo se orienta, qué espacios se abren al paisaje y cuáles necesitan mayor protección. También permiten incorporar estrategias pasivas de iluminación, ventilación natural y control solar desde las primeras fases. La vegetación no se introduce como un elemento decorativo al final del proceso, sino como una infraestructura ambiental capaz de proporcionar sombra, regular la temperatura, favorecer la biodiversidad y construir espacios de transición entre interior y exterior. Integrarse en el paisaje no significa necesariamente hacer desaparecer la arquitectura. Significa conseguir que edificio, topografía, vegetación y clima formen parte de un mismo sistema ambiental y espacial.

En regeneración urbana y reutilización de edificios, especialmente industriales, ¿qué metodología seguís para mantener la memoria del lugar y, al mismo tiempo, mejorar salud, resiliencia e inclusión en el nuevo programa?

El primer paso consiste en realizar una lectura rigurosa del edificio y de su contexto. Analizamos su estructura, su materialidad, sus proporciones, sus huellas de uso, su relación con el espacio público y aquellos elementos capaces de explicar la memoria del lugar. No entendemos la conservación como la obligación de mantenerlo todo de manera indiscriminada. Se trata de distinguir qué elementos poseen valor arquitectónico, cultural o social y cuáles pueden transformarse para permitir una nueva etapa en la vida del edificio. A partir de esta lectura evaluamos su capacidad de adaptación: estabilidad estructural, iluminación y ventilación natural, accesibilidad, flexibilidad programática, eficiencia energética y relación con el barrio. La intervención debe permitir reconocer las diferentes capas históricas y, al mismo tiempo, incorporar nuevas formas de uso. La reutilización de la estructura y de los materiales existentes reduce demoliciones, residuos y carbono incorporado, pero también preserva la continuidad cultural del lugar. Sobre esta base introducimos mejoras relacionadas con el confort, la salubridad, la accesibilidad y la capacidad del edificio para adaptarse a futuros cambios. Regenerar no significa devolver un edificio a un estado anterior, sino activar su memoria para construir un nuevo ciclo de vida.

Habéis incorporado BIM como herramienta de control del proyecto. ¿En qué momentos os aporta más valor para coordinar equipos y tomar decisiones con más control sobre costes, plazos y desempeño?

BIM aporta valor durante todo el proceso cuando se utiliza como una metodología compartida y no únicamente como una herramienta de representación tridimensional. En las primeras fases, el modelo permite comparar alternativas de implantación, volumetría, distribución, orientación o sistema constructivo. Podemos estudiar cómo afectan estas decisiones a las superficies, al comportamiento ambiental, a la materialidad o al coste antes de consolidar el proyecto. A medida que avanza el diseño, el modelo integra la información de arquitectura, estructura, instalaciones y sistemas industrializados. Esta coordinación permite detectar interferencias, comprobar tolerancias, anticipar encuentros constructivos y verificar que todos los elementos puedan ejecutarse correctamente. En proyectos industrializados, BIM también resulta esencial para coordinar la fabricación, el transporte y el montaje de los componentes. Vinculado a las mediciones, la planificación y el presupuesto, permite tener un mayor control sobre cantidades, costes y plazos. Su principal valor reside en anticipar decisiones. Resolver un conflicto en el modelo es generalmente más rápido, económico y preciso que corregirlo cuando la obra ya está en ejecución.

También trabajáis con arquitectura modular e industrializada. ¿Qué ventajas os aporta en calidad, tiempos y residuos, y qué decisiones de diseño son clave para que un sistema modular se adapte al contexto y no pierda identidad?

La construcción industrializada consiste en fabricar parte del edificio en un entorno controlado, en lugar de hacerlo todo directamente en la obra. Esto permite trabajar con mayor precisión, controlar mejor la calidad y reducir errores. Además, al depender menos de la lluvia, el viento u otras condiciones externas, el proceso es más estable y previsible. Mientras se preparan los terrenos y se avanza con los trabajos iniciales en la obra, también se pueden fabricar los componentes en taller. Al desarrollarse ambas tareas al mismo tiempo, se reducen los plazos de construcción. Este sistema también permite calcular mejor los materiales necesarios, generar menos residuos y conocer con precisión el origen y las características de cada elemento. Algunas piezas, además, pueden desmontarse, sustituirse o reutilizarse en el futuro. Sin embargo, industrializar no significa construir siempre el mismo edificio. El sistema se adapta a las necesidades de cada proyecto, a su ubicación, al clima y a la forma de vivir de sus usuarios. La identidad surge de cómo se combinan y se utilizan sus reglas, no de que todas las piezas sean diferentes. De este modo, una arquitectura industrializada puede ser eficiente y, al mismo tiempo, tener carácter, integrarse en su entorno y ofrecer espacios de gran calidad.

¿Existe algún material o sistema constructivo sostenible por el que sintáis predilección? ¿Por qué y en qué casos lo recomendáis especialmente?

No existe un material que sea sostenible por sí mismo en cualquier situación. Su impacto depende de muchos factores: de dónde procede, cuánta energía se necesita para producirlo y transportarlo, cuánto tiempo puede durar y qué mantenimiento requiere. También es importante saber si podrá desmontarse, reciclarse o reutilizarse cuando el edificio llegue al final de su vida útil. Por eso, la elección debe hacerse según las características concretas de cada proyecto. La madera estructural, especialmente el CLT, ofrece ventajas importantes cuando se utiliza correctamente. Es un material renovable y ligero que permite fabricar piezas con gran precisión y montarlas rápidamente en obra. Además, almacena carbono durante la vida del edificio y aporta una sensación de calidez y confort en los espacios. Sin embargo, su uso exige estudiar bien aspectos como la humedad, el fuego, el aislamiento acústico y el origen certificado de la madera. También pueden ser adecuadas otras soluciones, como los materiales locales, reciclados o poco transformados, e incluso el hormigón prefabricado cuando permite utilizar menos material, reducir residuos y mejorar la calidad de ejecución. Por tanto, no se trata de defender siempre un mismo material, sino de escoger el sistema que ofrezca el mejor equilibrio entre impacto ambiental, prestaciones técnicas, disponibilidad, coste y durabilidad.

Para aterrizarlo en ejemplos concretos: de todos vuestros proyectos, ¿cuál o cuáles destacaríais para entender vuestra manera de trabajar? ¿Qué objetivos marcasteis al inicio y qué decisiones fueron clave para cumplirlos?

Uno de los proyectos que mejor representa nuestra manera de trabajar es Flora, en Addis Abeba. Desde el inicio, el objetivo fue desarrollar una arquitectura profundamente vinculada al clima y a la cultura local, capaz de generar confort reduciendo la dependencia de sistemas mecánicos.

Flora, en Addis Abeba

La fachada se concibió como una infraestructura climática. Su profundidad, los elementos de sombra y la incorporación de vegetación permiten filtrar la radiación solar, mejorar el comportamiento térmico y construir una transición gradual entre los espacios interiores y el exterior.

El proyecto combina estrategias pasivas, conocimiento local y herramientas contemporáneas para responder a unas condiciones climáticas, culturales y urbanas muy específicas. La sostenibilidad no se concentra en un elemento aislado, sino que estructura la sección, la envolvente y la experiencia cotidiana del edificio.

También destacaríamos Hotel Elguero, en Brasil, donde la arquitectura se plantea desde su relación con el paisaje y la vegetación existente. La implantación busca adaptarse a la topografía, reducir el impacto sobre el terreno y establecer una conexión directa entre los espacios habitables y el entorno natural.

Por otro lado, Amura, un proyecto residencial de 38 viviendas en Mataró, muestra cómo estos principios pueden trasladarse a la vivienda colectiva y a la construcción industrializada. Uno de sus principales objetivos es desarrollar viviendas de calidad mediante un sistema estructural de madera CLT, reduciendo los tiempos de ejecución y mejorando el control y la precisión del proceso constructivo.

Amura, en Mataró

La orientación de las viviendas hacia el mar, las tipologías pasantes y frontales, la presencia de espacios exteriores y la fachada de balcones curvos responden tanto al comportamiento climático como a la relación del edificio con el paisaje marítimo.

Aunque Flora, Hotel Elguero y Amura responden a escalas, programas y contextos muy diferentes, los tres parten de una misma metodología:

  • comprender profundamente el lugar
  • establecer objetivos ambientales y sociales claros
  • seleccionar los sistemas espaciales, materiales y constructivos capaces de convertirlos en arquitectura.

Si pudierais pedir una cosa al sector: ¿qué herramienta, indicador o métrica os gustaría que se normalizara para medir mejor la sostenibilidad en arquitectura?

Nos gustaría que se normalizara una medición integral y comparable del carbono durante todo el ciclo de vida del edificio. Actualmente se presta mucha atención a la eficiencia energética durante la fase de uso, pero todavía no siempre se considera con el mismo rigor el carbono asociado a la extracción de materias primas, la fabricación, el transporte, la construcción, el mantenimiento, las sustituciones y el final de vida. Sería importante disponer de una metodología común, comprensible y verificable que permitiera fijar objetivos desde las primeras fases y comparar alternativas de forma objetiva. Esta información debería integrarse en las herramientas habituales del proyecto y vincularse al modelo BIM, a las mediciones y al presupuesto. También creemos necesario complementar estos indicadores con evaluaciones posteriores a la ocupación. Medir cómo funciona realmente un edificio —su consumo, su confort térmico, su calidad ambiental, su capacidad de adaptación y la satisfacción de quienes lo utilizan— permitiría contrastar las decisiones de proyecto con su comportamiento real. Lo que no se mide difícilmente puede mejorarse. Sin embargo, las métricas deben servir para orientar el diseño y facilitar mejores decisiones, no convertirse únicamente en un requisito documental.

Para cerrar con una mirada amplia: ¿creéis que la sociedad y los clientes están suficientemente concienciados sobre la necesidad de implementar propuestas arquitectónicas sostenibles? ¿Dónde notáis hoy el mayor freno y qué creéis que lo aceleraría?

La concienciación ha aumentado considerablemente durante los últimos años. Cada vez más clientes entienden que la sostenibilidad no está relacionada únicamente con el impacto ambiental, sino también con el confort, la salud, la durabilidad, el consumo energético y el valor futuro del edificio. Sin embargo, todavía existe una distancia importante entre la intención y la capacidad de convertirla en decisiones concretas de proyecto. Uno de los principales frenos es la percepción de que construir de manera sostenible implica necesariamente un coste inicial mucho mayor.

Con frecuencia se analiza únicamente la inversión inicial y no el coste global del edificio durante toda su vida útil. Una mayor eficiencia, una construcción más precisa, una reducción de los plazos o unas menores necesidades de mantenimiento pueden generar beneficios ambientales y económicos a largo plazo.

Otro obstáculo es la fragmentación del proceso. Promotores, proyectistas, fabricantes, constructoras y usuarios pueden trabajar con objetivos y horizontes temporales diferentes. La sostenibilidad funciona mejor cuando se establece desde el inicio como un objetivo compartido, verificable y vinculado a las decisiones de diseño, y no cuando se incorpora al final para obtener una certificación.

Para acelerar el cambio necesitamos información más clara, ejemplos construidos que demuestren resultados, mejores mecanismos de financiación, incentivos coherentes, una contratación pública más exigente y una regulación que favorezca la rehabilitación, la industrialización y la reducción de carbono.

Pero, sobre todo, necesitamos dejar de entender la arquitectura sostenible como una categoría independiente. Es, sencillamente, la manera responsable de hacer arquitectura en el presente.

Categorias relacionadas: Actualidad, Entrevistas, Proyectos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *