Adrián Ferreiro: “Pienso que los dos grandes desafíos que tenemos por delante en el sector constructivo son la sostenibilidad ambiental y la construcción para ese otro 90% de la población”

Publicado el 5 septiembre 2022

La construcción sostenible y social puede abarcarse desde muchas perspectivas: a través de leyes y legislaciones, escogiendo materiales sostenibles para la construcción, siguiendo metodologías ecofriendly… En esta ocasión he querido conocer la visión de una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD). Para ello, me he puesto en contacto con Adrián Ferreiro, un arquitecto que trabaja para Arquitectura Sin Fronteras en diferentes proyectos de cooperación internacional, especialmente en Guatemala. Su óptica diferente pero conocedora del sector es muy enriquecedora:

Entrevista

Isabel Fernández: ¿Cómo definirías la organización a la que representas?

Adrián Ferreiro: Arquitectura Sin Fronteras (ASF) es una ONGD (que trabaja sobre la base del “Derecho al Hábitat”, un concepto que está todavía en construcción y en el que estamos tratando de hacer nuestros aportes, pero que, esencialmente, se asienta en la idea de que todas las personas dispongan de un entorno físico y ambiental adecuado que sirva como sustento para satisfacer los Derechos Humanos. Un entorno que garantice la salud, la protección y el descanso, el acceso a alimentos, unas condiciones adecuadas para el aprendizaje y el trabajo, un espacio público donde expresarse, etc.

Por otra parte, para completar la definición, diría que Arquitectura Sin Fronteras trata de dar soporte a todas aquellas personas, en condiciones de vulnerabilidad, que no pueden acceder a servicios técnicos. Como diría Julián Salas, pionero en España en materia de Habitabilidad Básica: “construimos para el otro 90%”.

Bueno, esta sería mi definición. Seguramente otros compañeros y compañeras de la organización lo explicarían de otro modo. Somos una organización bastante plural y en continua reflexión, y esa es también nuestra riqueza.

I.F.: ¿Cómo es tu metodología a la hora de afrontar los proyectos?

A.F.: Antes de nada, quería aclarar que los proyectos que nosotros hacemos nunca son exclusivamente de construcción, arquitectura o ingeniería. Siempre o casi siempre, efectivamente, tienen una componente de infraestructura que es en la que nosotros nos centramos, pero que sirve como complemento a una acción más integral, en la que colaboramos con otros profesionales y colectivos. Es decir, nunca hacemos solo una escuela, sino que esa escuela es parte de un proyecto educativo más amplio que puede incorporar formación del profesorado, trabajo con madres y padres, dotación de materiales escolares, etc.

Personalmente, tengo una fuerte necesidad en que las decisiones de diseño estén bien sustentadas y justificadas, eso me da mucha seguridad. Esto nos lleva a hacer un estudio y un análisis previo bastante amplio desde diferentes enfoques, algunos de carácter general, que se mantienen en todo tipo de proyectos como: estudio bioclimático, análisis de tecnologías apropiadas (una metodología que incluye el impacto social, ambiental y económico) y la incorporación de los resultados de los procesos de diseño participativo que tratamos de incorporar (proceso que incluye análisis de riesgos y del contexto, pertinencia cultural, funcionalidad, enfoque de género…). En función del tipo de edificio, incorporamos otros aportes más específicos, por ejemplo, en el caso de las escuelas nos hemos basado en las conclusiones del estudio de Peter Barrett, de la Universidad de Salford, sobre la influencia de los espacios en el proceso educativo, o en el caso del Centro de Recursos para la Educación Inclusiva, en los trabajos de Berta Brusilovsky sobre accesibilidad cognitiva.

A partir de todo ese montón de información que acumulamos, vamos priorizando los criterios que consideramos más importantes y que sean viables. Después, no hay mucha magia, vamos llevando esos conceptos a croquis, dibujos, planos y maquetas, tratando de darle una cierta coherencia constructiva, funcional y estética.

I.F: El espíritu de Arquitectura sin Fronteras podríamos decir que se basa en la arquitectura social y solidaria. ¿Qué es lo más satisfactorio de este tipo de construcción?

A.F.: Seguro que no soy el primero que lo dice, pero entiendo que toda arquitectura es social en el sentido de que da respuesta a una necesidad (del tipo que sea) de la sociedad. Quizás la diferencia está en que los edificios que hacemos ponen el foco en esa parte de la sociedad que los habitan, los ocupan o los usan. En el caso de los proyectos de ASF es satisfactorio ver que responden a necesidades (o derechos) básicos o esenciales de cobijo, seguridad, salud… y, por lo tanto, el impacto que tienen en la calidad de vida de las personas es muy visible y evidente.

Imagen del proyecto Escuela María del Mar, en la costa de Guatemala.

I.F: ¿Qué echáis de menos de las instituciones, medios de comunicación etc. ante el problema habitacional que vosotros intentáis paliar? ¿Cómo os podrían ayudar más?

A.F.: En primer lugar, diría algo bastante obvio y es que las ONGD no somos la solución de los problemas. En el mejor de los casos podemos ser un apaño que alivie un poco el sufrimiento de algunas personas o, quizás también, los encargados de señalar los problemas. A largo plazo, personalmente creo en ese proceso lento de refinamiento moral colectivo que nos haga insoportable la idea de que haya personas que vivan en infraviviendas, que no tengan que comer o que no tengan acceso a unas condiciones mínimas de salud… el mismo proceso por el que, por ejemplo, la esclavitud nos parece inaceptable. Pero para que esto ocurra, es conveniente que cada uno pueda hacer lo que esté en su mano: señalar el problema, reflexionar o teorizar sobre él, servir de altavoz, aportar recursos… de manera que se genere una masa crítica que ponga esas disfunciones en las agendas del sector público y privado.

Por supuesto, mientras tanto, es de agradecer todo apoyo que nos permita a las ONGD seguir poniendo en marcha acciones que, a una escala local, generan dinámicas de cambio y hacen un poco más fácil la vida de las personas que lo tienen más difícil.   

I.F: Os enfocáis tanto en el ámbito local como en el internacional, ¿qué diferencias tiene llevar a cabo un proyecto de cercanías con otro en el otro lado del mundo?

A.F.: La verdad es que mi experiencia en Arquitectura Sin Fronteras se limita al ámbito internacional, pero sí puedo comentar que trabajando en un entorno cultural diferente (nuestra mayor experiencia es con población indígena en Guatemala) hemos aprendido a no dar por hecho ideas o creencias que en nuestro propio contexto no tendrían discusión y esto nos ha llevado a trabajar con una mentalidad más abierta. Esto podría ser aplicable en el caso de la construcción, a aspectos de uso, eficiencia, comodidad o en relación con los procesos, a asuntos como la toma de decisiones, la planificación o la organización. En este caso, debemos ir con humildad y entender que se trata de sus vidas, necesidades y modos de organizarse.

I.F: Además de la razón social, también procuráis ejercer una construcción sostenible ¿existe algún material reciclado o reutilizado que utilices mucho en tus proyectos o a la que tengas especial estima? ¿Por qué?

A.F.: Nosotros nos aproximamos a la sostenibilidad desde el enfoque de tecnologías apropiadas, una metodología que tiene su origen en el concepto de “tecnologías intermedias” promovido por E.F. Schumacher en los años 60, y que desde ASF estamos tratando de aportarle contenido. Sería un poco farragoso explicar por aquí todo el concepto y el método, pero, básicamente, consistiría, en primer lugar, en analizar los recursos disponibles en el entorno local (materiales, industriales, mano de obra…) para garantizar no solo que la construcción se pueda hacer con unos costes razonables y poder llegar a un mayor número de personas, sino también, para garantizar que se dispone de recambios y personal que pueda llevar a cabo el mantenimiento de las obras y las reparaciones en el largo plazo. Una vez identificados estos materiales (o sistemas constructivos) sí complementamos el análisis tratando de seleccionar aquellos, de entre los disponibles, cuyo impacto ambiental sea menor y/o con un mayor potencial de impacto social o económico para el contexto.

En ocasiones nos encontramos con edificios hechos a través de la cooperación internacional que, con la mejor intención se construyen con materiales teóricamente “sostenibles”, pero que al poco tiempo se encuentran en condiciones ruinosas porque o bien ese material no estaba disponible localmente y no se puede sustituir, porque no había una industria local para su tratamiento (por ejemplo, en el caso del bambú) o no había mano de obra que trabajara ese sistema constructivo.

Imagen exterior de la ampliación del centro de salud en San Juan Ostuncalco, en el altiplano de Guatemala

I.F: El voluntariado es parte fundamental de vuestra organización, ¿qué se necesita para acudir y qué satisfacciones crees que reporta? ¿Tenéis mucha demanda de colaboración?

A.F.: Arquitectura Sin Fronteras es una organización en continuo proceso de reflexión y, en este momento, esto forma parte de nuestros debates. Es cierto que, tradicionalmente, el funcionamiento de ASF se ha basado en el aporte y el compromiso del voluntariado, sin embargo, en este momento hay una serie de factores que está llevando a la organización a que el trabajo esté sustentado por profesionales más especializados. Por mencionar algunas ideas: En los últimos 20 años el enfoque de la cooperación ha cambiado bastante, ha pasado de una visión un poco amateur y, quizás, paternalista, hacia un sistema más planificado, orientado a resultados, con una mayor exigencia y una mayor rendición de cuentas. Por otro lado, la sociedad y nosotros mismos nos exigimos (a las ONGD) una mayor especialización e implicación en aspectos como la equidad de género, la sostenibilidad ambiental, la inclusión, la participación, pertinencia cultural etc. Ya no es suficiente, en los proyectos en el ámbito de la cooperación, construir técnicamente bien un edificio, sino que es necesario que ese edificio o el proyecto en el que se integra fomente y potencie estos valores.

Estos aspectos requieren una fuerte especialización técnica y, generalmente, no son compatibles con los ciclos, más volubles e imprevisibles, del voluntariado que, lógicamente, depende de sus circunstancias personales. En cualquier caso, creo que hay un espacio importante reservado para el voluntariado en ASF, tanto como lugar de aprendizaje como para aportar saberes, enfoques y también, por qué no, mano de obra.

En cuanto a la satisfacción, parece estar bastante demostrado que el aporte desinteresado para lo que consideramos una buena causa y el compromiso con la comunidad (global en este caso) es muy gratificante. Y es algo que nosotros lo vemos a diario en ASF.

I.F: ¿Algún proyecto o proyectos que destaques especialmente? ¿Por qué?

A.F.: Personalmente, me gusta mucho la ampliación de un centro de salud que hicimos en San Juan Ostuncalco, en el altiplano de Guatemala. Se trataba de integrar un módulo de atención materno infantil a un centro de salud que había crecido de manera bastante caótica a través de diferentes ampliaciones. La parcela era bastante pequeña y el desafío fue coser todas esas ampliaciones de manera coherente y dar un poco de aire a un edificio muy denso, definido por una de las doctoras como “una madriguera de ratones”.

Tengo mucho cariño también a una pequeña escuelita que hicimos en la comunidad de María del Mar, en la costa de Guatemala. Se trataba simplemente de dos aulitas, pero fue la primera construcción en la que profundizamos en los mecanismos de control bioclimático: orientación, protección solar, cubierta ventilada, iluminación indirecta, ventilación cruzada permanente… etc.

Todo lo que allí ensayamos pudimos profundizarlo más tarde en la escuela de la Comunidad de Victorias III, en la que además integramos los aspectos de diseño que hemos comentado antes que mejoran el rendimiento lectivo. 

Por último, también me gustaría destacar, la última construcción que estamos terminando: un Centro de Recursos Para la Educación Inclusiva (CREI), posiblemente nuestro edificio más completo y complejo; que, además, se integra en una intervención más amplia, de carácter pedagógico, que contribuye a promover la educación inclusiva en una región en la que las niñas y los niños con necesidades educativas especiales están muy desatendidos.

Imagen del proyecto escuela Victorias III

I.F: ¿Cómo influye en vuestro día a día la creciente demanda de certificaciones y obras ecofriendly? ¿Aplicáis alguna concreta siempre o depende del proyecto?

A.F.: Nos aproximamos a la sostenibilidad ambiental desde ese enfoque de “tecnologías apropiadas”. La metodología promueve la comparación entre diferentes alternativas y la selección de las que, entre otros aspectos, tienen un menor impacto ambiental. Sin embargo, se trata de un sistema con un carácter bastante cualitativo, algo que, por la limitación en el acceso a materiales y sistemas constructivos, a nosotros nos bastaría. De alguna manera, las certificaciones que existen en este momento, al menos las que conocemos, no se adaptan demasiado al contexto y a las limitaciones que tenesmos en nuestros proyectos de cooperación. Dicho esto, nosotros también queremos autoexigirnos en materia ambiental, por lo que estamos abiertos siempre a incorporar nuevas herramientas y sistemas de certificación.

I.F: La ONU predice que en 2030 habrá más de 3.000 millones de personas sin un hogar seguro, ¿qué crees que debe cambiar en la mentalidad y actitud del sector para poder afrontarlo?

A.F.: Sí, pienso que los dos grandes desafíos que tenemos en el sector son la sostenibilidad ambiental y la construcción para ese “otro 90%”. El primero creo que ya ha entrado en la agenda pública y privada. No sabría decir cuánto es preocupación real y cuánto márquetin, pero ahí está.  El del “hambre de vivienda” como diría Julián Salas, todavía no ha entrado. Es cierto que desde el sector se podría abordar este asunto olvidado, desde las escuelas de arquitectura o en el I+D+I de empresas, por ejemplo; sin embargo, para eso es necesario esa demanda social, la masa crítica de la que hablábamos es la que puede poner esa necesidad en las agendas… si no, es complicado.

Muchas gracias, Adrián, ha sido muy interesante conocer la perspectiva de la construcción sostenible de una ONGD especializada en arquitectura.

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