Berta Brusilovsky: “La vivienda debe poner en el centro a la persona, pero no desde el punto de vista tradicional sino pensando en su funcionamiento más integral”

Publicado el 19 julio 2021

A raíz de nuestra publicación anterior sobre Neuroraquitectura, tuvimos la suerte y el gran honor de contactar con Berta Brusilovsky, una eminencia en este campo.

Berta, Arquitecta y Técnica Urbanista, es Máster en Accesibilidad y Diseño para todos, es Fundadora y presidenta de la Asociación para la Comprensión Fácil de Entornos y Edificios (ACFEE) y tiene un gran número de publicaciones sobre accesibilidad universal y seguridad espacial cognitiva.  

Ha accedido a nuestra solicitud de entrevista con el propósito de dar a conocer y difundir esta nueva forma de hacer arquitectura.

Entrevista

Isabel Fernández: Para empezar, Berta, nos gustaría que nos explicaras qué es la accesibilidad cognitiva

Berta Brusilovsky: Hace un par de años te hubiera dado la definición con la que se me ha estado conociendo y distinguiendo, y que aún hay quienes se resisten a aceptar. Es la capacidad de entornos y edificios de ser comprensibles a través del lenguaje formal y funcional de la arquitectura para comunicarse con todas las personas. Hoy he introducido más aspectos clave, que en las siguientes respuestas iré esbozando.

I.F.: Nos puedes contar cómo, después de terminar la carrera de arquitectura, surgió en ti la idea de especializarte en esta materia tan poco usual.

B.B.: No fue hasta 1997 que me puse a indagar (para una beca Mapfre que me otorgaron ese año), acerca de la importancia del espacio en el comportamiento de las personas. Pero recién años después, en 2012, me lancé a investigar sobre esa disciplina para la Tesis del Master de accesibilidad universal y diseño para todos en la Universidad de la Salle. La necesidad de seguir indagando y buscando respuestas me llevó directamente a la neurociencia. En realidad, a la neurología de la conducta.

I.F.: En un post anterior citábamos las que pensamos son las claves de la neuroarquitectura. Después de conocer tu especialidad, creemos que nos hemos quedado cortos. ¿Qué otras claves añadirías?

B.B.: Precisamente por su complejidad me parece que denominarlo “neuroarquitectura” es algo vago y superficial, por eso prefiero neurociencia y arquitectura porque su complejidad y especificidad en algunas circunstancias (como el caso de personas que padecen el trastorno del espectro del autismo, TEA) nos obliga a quienes investigamos a profundizar más allá de los aspectos técnicos o formales de la arquitectura (iluminación, colores, formas, etc.) y pasar a un estadio más complejo y de mayor esfuerzo en materia de conocimientos que sirva de guía, de recomendaciones para los profesionales interesados y que es una manera de afrontar la inexistencia de normativa.

Por ejemplo, la zonificación sensorial y los espacios secuenciales que requiere un proyecto para el TEA o entender  la orientación espacial como un proceso que se basa en las funciones neurológicas que se encargan de la recepción de las sensaciones, transmitirlas al cerebro y conducir la información a los músculos implicados en las acciones motoras o, como técnicamente se denomina, aferencias sensoriales y eferencias motoras, atención y memoria y que adecuadamente comprendido otorga a la arquitectura la cualidad de ser “un conjunto de coordenadas espaciales que orientan, direccionan y facilitan el desenvolvimiento de todas las personas”.

I.F.: ¿Cómo debería ser una vivienda sostenible para personas con deterioro cognitivo?

B.B.: No son los mismos criterios para todas las personas. Precisamente mi próximo libro (que espero salga a finales de año) sobre el trastorno, o condición, del espectro del autismo, y el anterior sobre arquitectura y envejecimiento me llevaron ya a profundizar en materia de neurociencia para hacer una devolución en clave de recomendaciones para el diseño, lo más ajustadas posible a esos dos grupos.

La vivienda debe poner en el centro a la persona, pero no desde el punto de vista tradicional sino pensando en su funcionamiento más integral, comenzando por su estado general, físico y cognitivo, indagando en las claves con las que el diseño puede afrontar mejor sus bloqueos en la continuidad de los impulsos nerviosos que pudieran afectar a su autonomía y desenvolvimiento espacial. De ahí la necesidad de profundizar en neurología del comportamiento.

Por ejemplo, en las personas con discapacidades intelectuales trato especialmente aspectos relacionados con la orientación espacial para facilitar su deambulación con autonomía. En las personas mayores indago en el porqué y el dónde de sus fallos de memoria, sus dificultades para reconocer la derecha o la izquierda y la necesidad de orientarlos hacia aquellos espacios que son muy importantes para ellos. Y para las personas con TEA el diseño es fundamental para atender a sus complejidades sensoriales: hay espacios que no son importantes para los grupos anteriores y que en éste, comprometen su calidad de vida, su seguridad y mejoran situaciones en las que la arquitectura es fundamental, como la zonificación sensorial y los espacios de adaptación solo para citar algunos.

I.F.: Tengo entendido que en el año 2012 desarrollaste un modelo con una metodología especial para diseñar espacios accesibles. ¿Cómo ha evolucionado el modelo?

B.B.: Ha evolucionado desde un primer modelo o paradigma para diseñar, y, su metodología participativa que incluye a los usuarios con discapacidades en las evaluaciones.

Posteriormente desarrollé un índice de accesibilidad cognitiva para valorar entornos y edificios y poder evaluar si éstos cumplen con los requerimientos de los indicadores incluidos en el Índice.

En el momento actual, a partir de las claves que me da la neurociencia investigo, creo, imagino y comparto con profesionales interesados las mejores soluciones para cada uno de los perfiles neurológicos que he ido investigando y que son “los conceptos con los que defino a los casos que he ido encontrando e investigando porque muestran afecciones sensoriales, perceptivas, cognitivas, motoras y emocionales: por razones genéticas, accidente vascular, deterioro por la edad o por enfermedades neurológicas.

I.F.: Ni en nuestro Código técnico de la edificación ni, hasta donde yo conozco, en la Universidad se habla de neuroarquitectura. ¿Cuánto tiempo crees que pasará hasta que esta materia forme parte del diseño de cualquier proyecto de edificación?

B.B.: Te contesto lo que hace unos días le comenté a una persona que me preguntó lo mismo: el caso de la accesibilidad cognitiva en entornos y edificiospertenece a un tipo de innovaciones a la que se le han cerrado muchas puertas, sobre todo, por parte de las organizaciones con poder de decisión e influencia en materia de normas, de ahí que ese limbo legal, lamentablemente, es posible que se prolongue todavía cierto tiempo.

Salvo que comiencen a demostrar más apertura, interés, y capacidad para introducir estas innovaciones que son tan importantes para las personas y su calidad de vida y, sobre todo que las Escuelas de arquitectura, piensen en una enseñanza de la disciplina más compleja y que responda a aspectos históricos, funcionales, formales, estéticos y también éticos, y aquí incluyo los derechos de las personas a un entorno que tenga en cuenta aptitudes y cualidades del ser humano que no son las que siempre aparecen en los manuales tradicionales de arquitectura.

Berta, te damos las gracias por estas interesantísimas reflexiones y nos quedamos con el importante mensaje de que una casa, además de sostenible, tiene que ser de accesibilidad cognitiva y, por tanto, si va a ser habitada por una persona con algún tipo de lesión cognitiva, requiere que el prescriptor la diseñe según el tipo de lesión del cliente. Confiamos que tu modelo llegue, en algún momento, a incorporarse en nuestra legislación.

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