Pablo Ros, de Ros + Falguera Arquitectura: “Aunque existen múltiples certificaciones e indicadores, creemos que aún falta una métrica transversal: la concienciación»
Esta semana conversamos con Pablo Ros, fundador de Ros + Falguera Arquitectura junto a Jaume Falguera, un estudio nacido en la ETSAB (Barcelona) que trabaja desde hace más de una década en ese espacio donde la rehabilitación, la cultura constructiva y las herramientas contemporáneas dejan de ser mundos separados y pasan a operar como una misma estrategia de proyecto.
Su punto de partida es claro: la sostenibilidad no es una capa que se añade al final, sino un criterio que estructura el diseño desde el inicio, priorizando estrategias pasivas, precisión en el programa y una gestión inteligente de los recursos. A lo largo de la entrevista explica cómo convierten las decisiones en parámetros medibles (energía, huella de carbono, durabilidad, adaptabilidad), y por qué ejecutar con claridad, economía y rigor es la forma más realista de hacer arquitectura sostenible.
Hablamos también de cómo reinterpretan soluciones tradicionales —como las galerías o los acabados de cal del Eixample— combinándolas con tecnologías actuales (escaneo, CAD-CAM, IA o diseño paramétrico), de los “mínimos” que consideran irrenunciables para lograr salud y confort, y de una idea final que atraviesa toda la conversación: aunque existen certificaciones e indicadores, todavía falta una métrica transversal ligada a la concienciación y al cambio cultural necesario para que la sostenibilidad sea una decisión compartida, no solo técnica.

¿Cómo y cuándo nace Ros + Falguera? ¿Qué os llevó a dar el paso de consolidar un estudio con una apuesta tan clara por la ecología y ecoeficiencia, y qué huecos creíais que había en el sector en ese momento?
Ros + Falguera Arquitectura nace en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, donde descubrimos una afinidad inmediata en la manera de entender la arquitectura. Tras la etapa académica, seguimos caminos complementarios: Jaume se especializa en rehabilitación junto a Jordi Garcés, y Pablo explora las nuevas tecnologías aplicadas en la arquitectura junto a Alejandro Zaera en FOA, en un momento de amplia difusión de herramientas digitales.
En 2013 retomamos esa conversación pendiente con una intuición clara: la arquitectura estaba fragmentada entre tradición y contemporaneidad, como si fueran mundos incompatibles. Nosotros quisimos precisamente lo contrario: hibridarlos. Recuperar la inteligencia de lo existente y combinarla con herramientas actuales para dar respuestas más sostenibles.
Ros + Falguera surge, por tanto, de esa voluntad de reconciliar dos culturas de proyecto que el sector mantenía separadas. Más de diez años después, creemos que ese espacio intermedio no solo existía, sino que era necesario.
Actualmente, ¿cómo es vuestra metodología para afrontar un proyecto desde una perspectiva sostenible? ¿Cómo definís los objetivos para que sean medibles y verificables y no se queden en una declaración genérica?
Nuestra metodología parte de una idea sencilla: la sostenibilidad no es una capa que se añade al final, sino un criterio que estructura todo el proyecto desde el inicio.
Trabajamos en tres fases. Primero, escuchar y diagnosticar: entender el contexto, el edificio (si lo hay) y las necesidades reales del cliente. Después, definir estrategias pasivas —orientación, ventilación, inercia térmica, organización del programa— que son las que generan mayor impacto con menor coste. Y finalmente, incorporar sistemas activos y materiales solo cuando aportan un valor claro y justificable.
Para evitar que la sostenibilidad se quede en una declaración de intenciones, traducimos cada decisión en parámetros concretos: demanda energética, consumo, huella de carbono, durabilidad o capacidad de adaptación futura. No trabajamos con un único sello, pero sí con indicadores que permiten comparar escenarios y tomar decisiones informadas.
Más que cumplir una checklist, nos interesa construir un relato coherente y verificable, donde cada decisión tenga una razón medible detrás. Porque cuando la sostenibilidad se puede explicar con datos, deja de ser un discurso y pasa a ser una herramienta de proyecto.
En vuestra visión habláis de ejecutar con precisión, claridad y economía. ¿Qué significa en la práctica esa forma de trabajo y cómo ayuda a que la sostenibilidad sea viable?
Partimos de la base que la parte más sostenible de un proyecto es aquella que no se construye. Puede parecer una afirmación antagónica a la profesión. Lo que analizamos son las necesidades reales de un cliente, eliminando partes superfluas e innecesarias, buscando programas funcionales flexibles y que permitan un crecimiento a futuro y no condicionen los recursos ni la economía del presente. Un buen ejemplo es la vivienda que construimos para Helen Jones en Fornells, Menorca.

Establecimos un módulo hueco en una fachada que podría completarse a futuro si las necesidades de sus ocupantes lo requerían. Diseñamos y ejecutamos los mínimos habitables fruto de muchas conversaciones. Años después, y a través de los cambios que han ocurrido en su vida, estamos a punto de iniciar una ampliación ocupando uno de esos huecos que liberamos hace más de siete años. El proyecto completo no podría haberse ejecutado por economía y hubiera transformado el diseño completamente si no hubiera sido capaz de absorber estos cambios a futuro. Fuimos precisos en calibrar las necesidades reales, claros en la forma de abordar el crecimiento a futuro de la vivienda, y utilizamos los recursos económicos del cliente de manera sabia y controlada.
Comentáis que estudiáis y evolucionáis los métodos tradicionales para dar respuestas innovadoras y eficientes. ¿Qué soluciones tradicionales os interesa recuperar (por durabilidad, confort o menor impacto) y cómo las combináis con tecnología y herramientas actuales?
Nos interesa en primer lugar detectar las tecnologías donde actuamos. En nuestras intervenciones solemos detectar una inteligencia de materiales y técnicas locales que heredan una tradición de durabilidad, confort y eficiencia que han evolucionado mejorando en el tiempo. Un buen ejemplo podría ser el Eixample barcelonés de Cerdà. En él encontramos soluciones como la galería, que funciona como un termostato en la vivienda, o el estuco de cal, que permite que las fachadas transpiren a la vez que doten de cualidades espaciales y estéticas al edificio. Nosotros trabajamos usando múltiples tecnologías actuales: mapeo con nubes de puntos geolocalizados por drones, escaneo de molduras existentes para su fabricación con CAD-CAM, uso de herramientas que detectan patologías con Inteligencia Artificial, cálculo estructural con elementos finitos, estudios lumínicos con utilización de nuevas tecnologías, diseño con softwares paramétricos y un sinfín de herramientas que forman parte del día a día de Ros Falguera. Pudimos descubrirlas y testearlas en el hotel Diagonal 414 en Barcelona que para nosotros fue un banco de pruebas. Trabajamos en el mantenimiento de su fachada principal, a la vez que diseñamos una nueva fachada de interior de manzana que utilizó diseños paramétricos.

Recibió el premio al hotel más sostenible de España por el ministerio de Turismo y fue finalista a los premios Mapei, premios referencia en sostenibilidad a nivel nacional.
Para vosotros, la sostenibilidad también implica salud, confort y bienestar. ¿Qué criterios o “mínimos” aplicáis para asegurar espacios saludables?
Entendemos la sostenibilidad como algo inseparable de la salud y el bienestar. Por eso trabajamos con una serie de “mínimos” no negociables.
El primero es la calidad del aire, que abordamos mediante ventilación cruzada siempre que es posible y el uso de materiales transpirables. El segundo, la luz natural, no solo en cantidad sino en cómo acompaña los ritmos del día y del usuario. El tercero es la materialidad, priorizando materiales bajos en emisiones, durables y compatibles con el cuerpo humano.
A esto se suma el confort térmico pasivo, que reduce la dependencia de sistemas activos, y una atención especial a la relación con el entorno: orientación, vistas, privacidad.
No se trata de añadir capas tecnológicas, sino de tomar buenas decisiones desde el origen del proyecto. Cuando eso ocurre, el bienestar no es un extra, sino una consecuencia natural de la arquitectura.
Os especializáis en reformas integrales de viviendas. ¿Qué hallazgos recurrentes veis en edificios existentes (energía, confort, patologías, ventilación, distribución) y qué tipo de medidas suelen ser las más rentables en relación coste/beneficio? ¿Alguna que suela sorprender por su impacto?
Bueno, esto creo que lo has visto en nuestra web y creo que ha captado tu atención de manera intencionada por nuestra parte. La mayoría de nuestros clientes no aterrizan nunca en nuestra website: administración pública, grupos hoteleros, multinacionales. Para este tipo de clientes tenemos otras formas de aproximarnos: concursos, congresos especializados, recursividad. Pero sí tenemos un perfil que nos visita y es convencido por algo que somos capaces de hacer, una reforma integral. Las medidas más rentables suelen ser en este tipo de proyectos las relacionadas con una buena auscultación y conocimiento del edificio antes de su intervención. Si detectamos una patología en la estructura, buscamos que su reparación sea parte de la estética del proyecto, proporcionándole una identidad que en otro edificio sería imposible de replicar. Otras veces detectamos una mala orientación del programa funcional, y buscamos una reorganización acorde a temas energéticos, que sea más sensible con el entorno con el que interactúa el usuario.
¿Existe algún material o sistema constructivo sostenible por el que sintáis predilección? ¿Por qué y en qué casos lo recomendáis especialmente?
No tenemos un material por el que sintamos predilección. Vivimos inmersos en contradicciones. Creemos en la descarbonización mediante el uso de madera, pero también observamos un mal empleo de la misma, por ejemplo, en fachadas que necesitan de tratamientos con un alto coste ambiental y para la salud. Se habla del alto impacto de los plásticos, pero no de su resistencia en el tiempo, ligereza en el transporte que ahorra emisiones, capacidad de reciclaje y otras virtudes que lo hacen insustituible. Nos gusta estudiar en cada contexto en el que trabajamos el material más acorde con el tipo de programa funcional, ubicación, orientación.
Para aterrizarlo en ejemplos concretos: de todos vuestros proyectos, ¿cuál o cuáles destacaríais para entender vuestra manera de trabajar? ¿Qué objetivos marcasteis al inicio y qué decisiones fueron clave para cumplirlos?
El hotel Diagonal 414 sintetiza bien nuestra forma de trabajar: conservamos su fachada principal y sistemas de control solar con persianas alicantinas, diseñamos un patio central de iluminación y temperador térmico, recuperamos elementos del edificio original. A su vez apostamos por un muro cortina insertado en un SATE en el patio interior de manzana, que dialogase con la galería vidriada del Eixample, su geometría, su carácter desordenado. Pudimos también profundizar en el diseño interior del edificio, utilizando materiales saludables, locales, con etiquetas de construcción sostenible, instalaciones de bajo consumo. Más que un hotel, lo entendimos como 100 viviendas temporales. Esa mirada fue clave para tomar decisiones más precisas y sostenibles.

Si pudierais pedir una cosa al sector: ¿qué herramienta, indicador o métrica os gustaría que se normalizara para medir mejor la sostenibilidad en arquitectura?
Evitamos discursos genéricos o el greenwashing. Aunque existen múltiples certificaciones e indicadores, creemos que aún falta una métrica transversal: la concienciación.
Más allá de los indicadores, es necesario un cambio cultural que entienda el impacto real de nuestras decisiones.
Para cerrar con una mirada amplia: ¿creéis que la sociedad y los clientes están suficientemente concienciados sobre la necesidad de implementar propuestas arquitectónicas sostenibles? ¿Dónde notáis hoy el mayor freno y qué creéis que lo aceleraría?
Todos sabemos que el mayor freno para implementar soluciones sostenibles está en la economía. Existe un amplio abanico de soluciones sostenibles que encarecen los costes del proyecto y a los que el cliente expresa resistencia. Es en ese momento donde nos gusta hablar con el cliente del valor, que no está relacionado con el coste de su proyecto. ¿Dónde ubicar inteligentemente los recursos? ¿Qué retorno tendrá a futuro en su salud, confort, felicidad? ¿Podemos programar estas mejoras sostenibles con una agenda de implementaciones futuras?
La sostenibilidad no es solo una cuestión técnica, sino también de tiempo, pedagogía y toma de decisiones informadas.





