5 elementos claves de la neuroarquitectura

Publicado el 20 junio 2019

La arquitectura incide en múltiples aspectos de la vida humana. No en vano nuestra vida transcurre en su mayor parte dentro de los edificios. Así, esta disciplina no solamente se basa en la construcción de edificios y estudio de los distintos espacios, sino que es fundamental que el ser humano se encuentre cómodo en ellos. En este punto, surge la neuroarquitectura como concepto.

El interés de los arquitectos en lograr que la experiencia de los usuarios sea placentera y relajada se remonta a siglos atrás. Sin embargo, su constitución como ciencia es más reciente. Así, esta nueva rama de la arquitectura, en la que se trabaja mano a mano con científicos, busca entender cómo el entorno modifica nuestras emociones, pensamientos o conductas.

En este sentido, está estrechamente ligada con la arquitectura sostenible. Y es que, como decía Sonia Hernández, de Arquitectura Sana, la neuroarquitectura desarrolla cómo afecta a nivel cognitivo el espacio construido. Por ello, los espacios naturales y sostenibles siempre resultarán más beneficiosos para nuestra salud y, por supuesto, para el medioambiente.

Claves de la neuroarquitectura

La neuroarquitectura establece aspectos claves a la hora de configurar los espacios para lograr que la mente se encuentre relajada. La iluminación, las zonas verdes, los colores o los techos son algunos de los elementos estudiados.

  1. La iluminación. La luz atrae al ser humano, tal y como reconoce el psicólogo Christoph Hölscher, por lo que es un elemento clave que va a guiar al individuo en suexperiencia en el edificio. La luz natural ayuda a la concentración de las personas y genera un ambiente más amable que la luz artificial. Este tipo de luz obliga al cerebro a esforzarse más en la tarea a realizar y eso incide negativamente en la productividad. Además, la luz natural acerca a los individuos con el exterior de los espacios.
  2. Zonas verdes. La sensación de estar encerrados genera estrés y disminuye la productividad de quienes se encuentren en esos habitáculos. Junto con la luz natural, el contacto del ser humano con las zonas verdes ayuda a abrir la mente, aumenta la concentración y favorece la calma. Las vistas al exterior de los edificios mejoran el estado de ánimo de los habitantes o trabajadores.
  3. Los techos. Según estudios científicos la altura de los techos también influye en la concentración y actividades de las personas. Así, los techos altos son adecuados para las tareas más creativas, mientras que los bajos favorecen un trabajo de carácter más rutinario.
  4. Los colores. Los colores influyen y condicionan el estado de ánimo de las personas, por lo que es fundamental estudiar el efecto de las distintas tonalidades en nuestro cerebro y así emplearlos de la forma más eficiente. Los tonos cercanos a la naturaleza (verdes, azules, amarillos) reducen el estrés, aumentan la sensación de confort e inciden sobre la percepción del espacio como un edificio saludable. Por su parte, tonos como el rojo captan la atención del receptor por lo que en tareas de concentración son los más indicados.
  5. Elementos arquitectónicos. Los ángulos o formas empleadas en los diseños arquitectónicos también tienen incidencia en el cerebro del ser humano. Los espacios rectangulares son entendidos como edificios menos agobiantes que los cuadrados, que sí provocan mayor sensación de estar encerrados. Los ángulos marcados de las edificaciones favorecen la aparición de estrés o ansiedad frente a las curvas o contornos suaves que nos dan sensación de seguridad y comodidad.

¿Cuesta más diseñar y proyectar un edificio basado en los principios de la neuroarquitectura?

Expertos en neuroarquitectura como Víctor Feingold, fundador y CEO de Contract Workplaces, aseguran que no tiene ningún coste extra en el presupuesto de la obra. La inversión es la misma pero la concepción y funcionalidad de los espacios varía. Además, cualquier partida a mayores destinada a la creación de un espacio confortable será amortizado. Está probado, por ejemplo, que el rendimiento de los trabajadores aumenta de forma exponencial en un ambiente que mejora sus habilidades cognitivas, capacidad de concentración y disminuye los niveles de estrés y ansiedad.

Los edificios saludables no solamente son aquellos que emplean materiales beneficiosos para el entorno natural y el ser humano. También es fundamental lograr las mejores sinergias entre los factores humanos y estructurales de las edificaciones para construir espacios eficientes y felices.

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