Virai: “Innovar es atreverse a diseñar espacios que curan, que emocionan y que enseñan a habitar mejor”
Esta semana hemos conversado con Marta Parra y Juan Manuel Herranz, socios fundadores de Virai, un estudio ubicado en Madrid que nació en el año 2000 con el objetivo de generar entornos que impacten favorablemente en las personas.
Virai no se limita a proyectos convencionales: desarrolla propuestas tan interesantes y diferentes como, por ejemplo, junto con Parra Müller, la transformación y modernización de los espacios de parto y nacimiento en hospitales, aplicando principios de arquitectura fisiológica y humanizada. Esta apuesta innovadora busca crear entornos que favorezcan la experiencia y el bienestar en momentos tan significativos como el nacimiento.
Además, entre sus proyectos se encuentran todo tipo de construcciones, tanto residenciales como deportivas y educativas. Gracias a su trayectoria, se han convertido en un estudio de referencia nacional e internacional en el desarrollo de proyectos saludables, sostenibles y humanizados.

Entrevista
¿Cómo y cuándo nace el estudio de arquitectura?
Virai nació hace más de 25 años, a partir de un concurso de arquitectura, la remodelación de la antigua Estación Sur de Autobuses de Madrid. Hemos querido siempre construir una arquitectura que pusiera a las personas y al entorno en el centro.
Desde el inicio nos hemos dedicado a proyectos dotacionales (educativos, deportivos, sociales y culturales) con un enfoque muy ligado al servicio, a la calidad del espacio común. Con los años hemos orientado nuestra especialización hacia los ámbitos sanitario y asistencial, siempre desde una mirada que une sostenibilidad, innovación y cuidado. Cada proyecto es una oportunidad para transformar lo cotidiano en un lugar que mejora la vida de las personas.
Nos ha importado mucho la realidad construida, y siempre hemos querido que nuestros edificios sean mucho más que una fotografía.
¿La búsqueda de soluciones sostenibles ha estado presente desde el principio en vuestro trabajo?
De alguna manera siempre ha estado en nuestra manera de entender la arquitectura.
Es verdad que hace 25 años hacíamos cosas que ahora no haríamos, ya que en todos estos años no hemos parado de evolucionar y aprender. Pero desde el principio teníamos una forma de trabajar que tenía que ver con el sentido común y con el adaptarnos un clima y a un entorno determinado.
Creemos que la semilla de nuestro interés por la sostenibilidad tiene mucho que ver con la curiosidad, el cariño y el respeto que siempre hemos tenido por la arquitectura vernácula, popular y tradicional. Nos fascinaba Carlos Flores, y que en España se encontraran tantos climas, paisajes y tradiciones constructivas de tierra, madera y piedra; unas más mediterráneas y otras más nórdicas. También nos fascinaba la mítica publicación Cobijo, de Lloyd Khan, en la que aparecían mezcladas construcciones tradicionales, casas con balas de paja o increíbles experimentos hippies de autoconstrucción.
Desde nuestros primeros proyectos aplicamos criterios de sostenibilidad de manera natural, sin etiquetas. Nos interesaba trabajar y diseñar con el clima, con los recursos disponibles, con materiales locales y con soluciones que aportaran confort y durabilidad. Esa sensibilidad inicial se ha transformado con los años en un compromiso más técnico, apoyado en mediciones y herramientas que permiten tomar decisiones con criterio ambiental, y ha ganado peso el entender la propia huella de carbono del edificio.
Pero siempre hemos trabajado con la idea de construir con calidad, que es la mejor manera de hacer que las cosas perduren.
Actualmente, ¿cómo es vuestra metodología a la hora de afrontar los proyectos desde una perspectiva sostenible?
Partimos siempre del contexto: el clima, la orientación, la topografía, el agua, la vegetación, los materiales y técnicas disponibles en un lugar y su uso. La sostenibilidad empieza en esa lectura sensible del lugar.
El ambiente y el entorno es un ingrediente más en el diseño, en el que tenemos en cuenta el lugar, la ciudad, o el paisaje, sus habitantes, sus usuarios, sus funciones y sus emociones. No podemos separar claramente una capa de otra, y quizá el no poder hacerlo es un buen síntoma. Las limitaciones son siempre un punto de partida.
De esa manera, intentamos conjugar e integrar todas las decisiones del proyecto, aunque como nos dijo Fernando Higueras cuando terminamos nuestro primer proyecto: “La arquitectura es una ordenación de sacrificios”. Siempre hay que priorizar, decidir qué es lo más importante y qué toca sacrificar.
Siempre que nos es posible, a parte de un buen diseño bioclimático, intentamos fomentar la utilización de materiales naturales de origen biológico y elementos locales. Esto, a parte de la reducción de la huella de carbono y el beneficio ambiental, tiene un impacto positivo en la salud de las personas, y en el bienestar en el uso de los espacios.
Nos interesa mucho esa lectura en la que la arquitectura no es algo solamente visual, sino que la piel lo lee todo: la temperatura, la acústica, la corriente de aire… Por ello, para nosotros la innovación no es solo tecnológica, sino también sensorial, social y ética: innovar es atreverse a diseñar espacios que curan, que emocionan y que enseñan a habitar mejor.
¿Existe algún material sostenible por el que sintáis predilección? ¿Por qué?
Nos gusta mucho construir con madera y tierra, pero tenemos una especial debilidad por la construcción con balas de paja.
Hacia el 2010, cuando estábamos construyendo la bodega de La Grajera, descubrimos una pequeña construcción experimental realizada con balas de paja para un pequeño aulario. Era un día de mucho calor y al entrar en el interior no podíamos creer el bienestar que se sentía. Era sorprendente como se podía estar tan confortable en un espacio construido con un material que no dejaba de ser un residuo agrícola. Lo más sorprendente es que se trata de un material muy abundante en nuestro país, especialmente en el interior de España. Nos explotó la cabeza pensar que teníamos un residuo disponible en cantidades enormes que podíamos aprovechar de esta manera. Desde ese momento nos obsesionamos con utilizarlo.
Al principio construimos una pequeña casa en la sierra de Madrid, pero empezamos a estudiar ejemplos, como la normativa francesa de construcción con paja, por ejemplo. Siempre tuvimos el interés de llevar esta construcción a una escala mayor, que no se quedara solo en viviendas unifamiliares, sino llevarlo a edificios públicos que tuvieran un mayor impacto en la sociedad, tal y como se estaba haciendo en el centro y norte de Europa.
Así conseguimos realizar nuestro primer edificio público con balas de paja: el centro de día para personas mayores dependientes en Meliana (Valencia), que está realizado con estructura de madera y muros prefabricados de madera y paja de arroz.
Actualmente estamos también completando un edificio para la Universidad Politécnica de Valencia que estará realizado íntegramente con prefabricados de madera y paja como elementos de aislamiento.

En vuestro equipo contáis con expertos en metodología BIM. ¿Qué os aporta en vuestro flujo de trabajo?
El BIM es importante para poder acercarnos a un control cuantitativo y cualitativo del proyecto más directo e inmediato. Lo que más nos interesa es la facilidad que nos da para testear soluciones a nivel energético y de prestaciones en niveles muy incipientes de diseño, como manera de analizar distintas alternativas de diseño.
Habéis desarrollado proyectos de todo tipo y envergadura, ¿qué dificultades implica la integración de los principios de la arquitectura sostenible en cada uno de ellos?
La integración de principios sostenibles en los proyectos no depende tanto del tamaño de estos, sino de la convicción, visión y compromiso del promotor o cliente.
Pero es cierto que en los proyectos de mayor envergadura el número de agentes intervinientes en la toma de decisiones aumenta y con ello los posibles riesgos de un proyecto. Esto puede reducir las capacidades para implementar soluciones sostenibles, ya que algunas veces están más cerca de lo experimental o lo innovador y no de las soluciones más estandarizadas que pueden ofrecer una mayor previsibilidad.
Las soluciones bioclimáticas y de diseño pasivo sí son, generalmente, bien comprendidas y aceptadas en el sector. Es a la hora de utilizar materiales biogénicos, más sostenibles o con huella de carbono más reducida cuando, a pesar de lo mucho que se ha avanzado, no es tan fácil su implementación en todos los casos. Esta dificultad es aún mayor a la hora de utilizar otro tipo de materiales como los prefabricados de paja.
De cualquier manera, el factor económico sigue siendo el mayor obstáculo para la implementación y uso de este tipo de materiales, ya que el uso de materiales biogénicos sigue teniendo unos costes de construcción más elevados que la construcción convencional, aunque las calidades y prestaciones que ofrecen sean mucho mayores.
De todos vuestros proyectos, ¿cuál o cuáles destacaríais? ¿Por qué?
Siempre es difícil elegir un proyecto, pero si tuviéramos que elegir, seguro que estaría “La Grajera”, la Bodega Institucional del Gobierno de la Rioja. Es un edificio muy especial, en un entorno natural bellísimo y con un programa muy interesante, conciliando lo institucional y lo representativo con la investigación, la producción y la integración en el paisaje. Siempre es interesante el equilibrio entre aspectos aparentemente contradictorios.
Además, el proyecto nos permitió aplicar muchos principios de sostenibilidad, tanto en el uso de materiales locales, como la piedra arenisca, o la implementación de conceptos bioclimáticos muy claros que han beneficiado mucho la vida y disfrute del edificio.
Otros edificios que nos gustan han sido el Centro Mayores de Meliana, por haber permitido el uso de prefabricados de madera y paja a una escala de edificio público y de grandes dimensiones. Nos gusta mucho que el edificio sea cuidadoso con el entorno, al dar un uso a la paja de arroz que de otra manera se quemaría, y al mismo tiempo esté construido con los mejores y más saludables materiales para las personas mayores vulnerables, ofreciéndoles un entorno sano y cuidadoso.
Y desde la perspectiva de la humanización, el Hospital de Día para personas con ELA, en el Hospital Isabel Zendal, ha permitido un uso innovador al introducir materiales naturales y vegetación en un entorno hospitalario de nuevo para personas altamente vulnerables. Ha sido muy gratificante poder comprobar de cerca el impacto tan positivo que un edificio puede tener en los usuarios.
Los proyectos en Gambia (una escuela, una biblioteca y unas viviendas) todos realizados con bloques de tierra comprimida, han sido también una oportunidad estupenda de aprender de la sencillez y las limitaciones, de construir con la gente y de no olvidar el disfrute de nuestro oficio de constructores y creadores de entornos.

La humanización de las maternidades hospitalarias es un gran ejemplo de arquitectura enfocada en el bienestar. ¿Cómo surgió esta idea y qué implicaciones técnicas tiene?
La innovación en el diseño y humanización de los espacios de maternidad surgió de la experiencia personal y el activismo de Marta como madre. Ella y nuestra amiga y también arquitecta, Ángela Müller, estaban muy implicadas en intentar mejorar y transformar el modo en que se nacía en España hace más de 20 años, y en un momento determinado exploraron cómo la arquitectura podía contribuir a transformar la experiencia de la maternidad.
El primer proyecto fue la transformación de la unidad de parto normal en la clínica de Nuevo Belén en Madrid. No fue nada fácil encontrar un hospital que apostara por ese modelo en ese momento, pero lo hicieron y fue un gran éxito para el hospital. A raíz de ese proyecto se han desarrollado muchos otros siguiendo las mismas pautas.
Fue a partir del diseño de los espacios de maternidad cuando comenzamos a expandir esa sensibilidad y ese enfoque a todos los espacios hospitalarios, en especial a los lugares con mayor presencia de personas vulnerables: UCIs neonatales, hospitales oncológicos, zonas de radiología, y ahora en salud mental. Siempre poniendo el foco en las necesidades de los usuarios y de los profesionales sanitarios.
En la arquitectura hospitalaria y de salud ha habido mucha resistencia a la innovación y al cambio, que no se encuentra a la hora de aplicar nuevas tecnologías o procedimientos, pero vemos que siempre hay oportunidades para mejorar el entorno.
La diferencia de inversión entre un diseño innovador y una solución estandarizada es muy pequeña; sin embargo, el impacto positivo de estos espacios a lo largo de toda su vida útil justifica absolutamente la inversión que se realiza, por los beneficios humanos y económicos que consiguen.
¿Qué importancia consideráis que tiene promover la construcción de edificios de consumo energético casi nulo?
Es fundamental construir edificios que reduzcan su impacto ambiental. Se debe aprovechar al máximo las características y potenciales de los lugares donde se ubican los edificios.
Un diseño inteligente es, quizá, la herramienta más importante a la hora de optimizar funcionamiento energético de un edificio sin tener que recurrir a un abuso de las prestaciones materiales del edificio.
Nos preocupa que la exigencia excesiva por parte de las normativas pueda llegar a ser contraproducente, requiriendo a veces la utilización de más recursos de los necesarios.
En ese sentido, es necesario encontrar un equilibrio en la toma decisiones, que a veces obligan a introducir muchas más instalaciones mecánicas y mucho más costosas de operar y mantener, en lugar de poder implementar edificios más eficaces y sencillos de usar.
¿Creéis que la sociedad está concienciada sobre la necesidad de implementar propuestas arquitectónicas sostenibles para cuidar el medio ambiente?
La sociedad ha mejorado a la hora de reconocer la necesidad de implementar propuestas arquitectónicas sostenibles como forma de cuidar el medio ambiente, pero aún queda mucho camino por recorrer.
A pesar de los avances, la implementación de soluciones sostenibles sigue siendo insuficiente y presenta muchas dificultades. Todavía cuesta utilizar recursos locales si ello supone un incremento económico o utilizar materiales más naturales con un grado menor de transformación.
Aun así, somo optimistas, y vemos que se ha avanzado mucho. En otros países dónde trabajamos, en los que la energía es mucho más económica que en España, resulta aún más difícil implementar cualquier solución sostenible. No se entiende que, incluso más allá de las consideraciones éticas de cuidado del planeta o económicas de ahorro energético, la arquitectura sostenible supone un mayor grado de calidad y salud para las personas.
Si somos capaces de hacer edificios sostenibles más eficaces, más bellos, más saludables y confortables y mejor construidos, estaremos dando un paso más para que el próximo edificio sea también más sostenible.
Gracias a Marta Parra y Juan Manuel Herranz, socios fundadores de Virai, por dedicarnos su tiempo y permitirnos conocer su trabajo.





