La arquitectura bioclimática: diseñar edificios en función de las condiciones del entorno

Publicado el 11 septiembre 2018

La optimización de los recursos naturales es una de las bases de la arquitectura sostenible. Pues bien; en este sentido, conviene hablar también de la arquitectura bioclimática. Consiste en diseñar edificaciones teniendo en cuenta las condiciones climáticas de su ubicación, y aprovechando los recursos disponibles (sol, vegetación, lluvia, vientos). Todo ello, para disminuir el impacto medioambiental, e intentando reducir el consumo de energía.

Adaptación al medio

Pero no solo eso. Los proyectos que siguen criterios bioclimáticos se integran en el lugar en el que están ubicados, adaptándose física y climáticamente a su entorno. Los materiales utilizados, los colores y las soluciones constructivas se valoran desde una perspectiva de ahorro energético, pero también de adaptación al medio. Y todo ello sin olvidarse del nivel estético.

La arquitectura bioclimática no es simplemente un tipo de arquitectura. Es una filosofía. Es un proceso continuo y cíclico, que comienza en la idea inicial del proyecto, pasando por su concreción física durante la obra y termina cuando se acaba su vida útil, para volver a empezar.

Por ello, no existe un prototipo de vivienda bioclimática. Ésta depende de factores que son muy variantes, como las condiciones geográficas, las soluciones constructivas, los materiales…

Principios básicos

No obstante, las casas bioclimáticas son el resultado de la aplicación de estos criterios. En este sentido, a la hora de diseñar una edificación bioclimática, hay una serie de aspectos que son aplicables a todos los casos:

  • Una ventilación correcta es fundamental para mejorar la conservación de las temperaturas en invierno y en verano. Una ventilación estratégica combinando sus tres tipos, la natural, convectiva y convectiva en desván, es clave para climatizar la vivienda. Y, a su vez, para conservar las temperaturas agradables dentro de casa, evitando o minimizando las pérdidas.
  • La utilización de materiales naturales en estas edificaciones es una forma más de aprovechar los recursos. Y, por supuesto, de reducir la huella ambiental. Ejemplo de ello pueden ser el bambú, la madera, la tierra, la pizarra natural o la piedra natural, entre otros.

  • Un buen aislamiento contribuirá a lograr la máxima eficiencia en el mantenimiento de la temperatura. Esto es, usar la masa térmica de manera estratégica ayudará a evitar los cambios bruscos de temperatura.
  • La orientación de la construcción es clave para optimizar las horas de luz. Así, se trata, por lo tanto, de aprovechar el sol al máximo en invierno, si bien los beneficios dependerán del tipo de clima. Para este fin, tanto la fachada como el mayor número posible de ventanas se orientarán al sur (sur-suroeste y sur-sureste), teniendo en cuenta que la orientación oeste es la más desaconsejada.
  • Es conveniente, en la medida de lo posible, reciclar y reutilizar los residuos generados.
  • El uso de energías renovables, pues aprovechan los recursos naturales para suministrar energía. La energía solar (tanto la térmica como la fotovoltaica) permite climatizar la casa de forma directa o a través de paneles o cubiertas solares. No obstante, conviene buscar la combinación idónea en función de cada caso. Las opciones son muchas: la energía eólica, la geotermia, la aerotermia

  • La adaptación al entorno, también en su forma física, es otro de los aspectos a tener en cuenta. Se trata de que su forma resulte conveniente para maximizar esa eficiencia energética y autosuficiencia a la que hay que tender. Lo habitual es que tengan una forma compacta y regular para conservar mejor la energía.
Eficiencia energética

La arquitectura bioclimática, por lo tanto, es diseñar casas en función de las orientaciones, los materiales o las aperturas de ventanas, entre otros elementos. ¿El objetivo? Conseguir la máxima eficiencia energética.

Es una forma más de la arquitectura sostenible. Una arquitectura que convive con el entorno, tanto física como climatológicamente, y se adapta a él. Va más allá del diseño del edificio, siendo la ubicación un aspecto clave. Y es que no sólo aprovecha los recursos naturales, sino que su diseño depende de ellos para alcanzar el confort térmico.

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