9 principios de la edificación saludable

Publicado el 7 marzo 2019

El concepto “saludable” se ha convertido en parte fundamental en nuestro día a día. Y, por supuesto, la arquitectura no desoye estas nuevas tendencias. Lo “healthy” está de moda: en la alimentación, el maquillaje, la cosmética, la ropa… Y, como no podía ser de otra manera, también en las diferentes estancias de una vivienda. Hablamos, en este sentido, de edificios saludables.

¿Qué son los edificios saludables?

Son aquellos espacios que están pensados para contribuir a la salud de sus habitantes, así como su bienestar. Para ello, se presta atención a cada detalle de la construcción, desde el diseño de las instalaciones hasta la elección de los materiales.

Una de sus premisas fundamentales es la calidad ambiental interior. Y, para ello, se llegan a utilizar, incluso, barreras para proteger el espacio de agresiones externas como el ruido, el aire contaminado, o las microondas.

Por las características inherentes a nuestro ritmo de vida, la mayor parte del tiempo lo pasamos en espacios cerrados, por lo que prestar atención a su nivel de salubridad es fundamental. Sabemos qué es lo que implica una dieta o una rutina saludable. Ahora bien, ¿qué elementos definen un edificio saludable?

Según el departamento de Salud Pública de la Universidad de Harvard, para que un inmueble sea saludable, tiene que cumplir una serie de características.

Los 9 fundamentos de un edificio saludable

  1. Calidad del aire. Este es un aspecto fundamental. Para garantizar la calidad del aire, es imprescindible la elección de los materiales de construcción y mobiliario de baja emisión de compuestos orgánicos volátiles y semivolátiles. Además, hay que verificar la ausencia de contaminantes como plomo, PCB y asbestos. Y, por último, mantener unos niveles de humedad entre 30-60% para mitigar los problemas de olores.
  2. Calidad del agua. Instalando, si es necesario, un sistema de depuración de agua que favorezca su óptimo estado.
  3. Ventilación. Establecer una ventilación adecuada para controlar las fuentes de olores, productos químicos, emisiones de COV y dióxido de carbono y conseguir una adecuada calidad del aire interior.
  4. Confort térmico. Tomar medidas para que el confort térmico asegure un nivel de temperatura y humedad constante durante todo el año.
  5. Aprovechar la luz natural en todos los espacios de la casa evitando deslumbramientos. La instalación de ventanas suficientes en la vivienda y el uso de bombillas de bajo consumo son dos requisitos fundamentales. Además, conviene introducir, en los interiores, la vegetación o diseño inspirado en la naturaleza.
  6. Ruido. Proteger y aislar las distintas estancias interiores para paliar la contaminación acústica.
  7. La seguridad del inmueble también es un factor diferencial. La existencia de planes de actuación en caso de emergencia o incendios es prioritaria en los edificios saludables.
  8. Polvo y plagas. Limitar el uso de pesticidas, productos químicos y limpiar de forma adecuada y eficaz para evitar la acumulación de polvo, suciedad y prever las posibles plagas.
  9. Humedad. Intentar evitar la formación de humedades durante y después del proceso de construcción.

Cómo construir un edificio saludable

La experta en espacios saludables, Marián Galindo, en su reciente entrevista nos daba algunos de los tips para construir este tipo de edificios sostenibles en los que todo gira en torno a la salud de quien habita en él.

Entre estos consejos estaban el empleo de materiales naturales como “madera o piedra para los pavimentos y revestimientos, lanas naturales o corcho para los aislamientos, cal en enlucidos y pinturas… Hay que evitar materiales de construcción elaborados con sustancias tóxicas como formaldehidos o ftalatos”.

No solamente hay que aplicar estos consejos a la vivienda. También las empresas deberían incrementar el nivel de sostenibilidad y salud de sus sedes, pues este está estrechamente vinculado a la productividad y competitividad de sus empleados, ya que influye de forma directa en su estado de ánimo.

Este tipo de arquitectura tiene como objetivo la reducción del estrés de los inquilinos y una notoria mejora de su bienestar personal, implementando así la salud tanto física como mental. Pero, por supuesto, busca la reducción de la huella ambiental, y el ahorro energético. Y es que, todos estos factores están estrechamente relacionados entre sí. No se entendería un edificio saludable que no fuese sostenible, ni al revés. La arquitectura sostenible y saludable no es simplemente una forma determinada de habitabilidad y construcción responsable y respetuosa con el medio ambiente. Se trata del modo de vida del futuro.

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