El edificio de montaña en Sallent de Gállego: tradición, vanguardia y sostenibilidad en el Pirineo Aragonés

Publicado el 26 octubre 2020

¿Y si pudiésemos salir de nuestras ciudades y disfrutar de los placeres del pueblo de la forma más sostenible posible? Esto fue lo que pensaron varias familias de Madrid y el País Vasco, que decidieron buscar un refugio y hacerse un hueco en un pueblo del Pirineo Aragonés. Concretamente, en el edificio sostenible de Sallent de Gállego.

Y es que, si hablamos de arquitectura sostenible, una de las piezas clave a tener en cuenta es el lugar donde vamos a construir, que nos va a aportar los materiales y trabajadores de los diferentes oficios. Y este es el caso del edificio de diez viviendas construido en Sallent de Gállego, un pueblo de montaña en el norte de la provincia de Huesca cercano a las pistas de esquí.

Detrás de este proyecto están las arquitectas Nuria Ramos, del estudio NRA Architecture y Marta Badiola, de Ensalada Works. Hemos tenido la oportunidad de hablar con ambas sobre esta obra, en la que la ubicación y el trabajo directo con los propietarios juegan un gran papel.  

Para ello, se han aplicado también criterios bioclimáticos. “La ubicación y las condiciones climáticas han sido determinantes en el proyecto”, comenta Marta Badiola. Un proyecto desarrollado durante dos años en los que la meteorología ha impuesto sus tiempos y les ha obligado a llevar su ritmo.

La ubicación es relevante en muchos aspectos, y sus arquitectas han sabido aprovechar las oportunidades que aporta. “Ya hemos hecho más promociones allí y el valle invita a trabajar con la gente del valle”, nos cuenta Nuria Ramos.

Aunando tradición y modernidad

Sallent es un pueblo en el que la tradición en su construcción se mantiene y se deja asesorar por la modernidad. Por ello, podemos apreciar tan bien cómo el edificio se integra en el casco urbano, manteniendo la unidad. Cuenta con la misma altura que los edificios colindantes, en un intento de no destacar, pero su ubicación, mirando hacia el embalse, hace que nos fijemos en él y distingamos ciertos detalles de la construcción moderna.

Se permiten algún guiño en el diseño a elementos representativos del valle, como es el óculo, la ventana circular, o los dos volúmenes que se enfatizan con la pizarra y recuerdan a las porteras de las cuadras. En este caso se utilizaron dos tipos de pieza de pizarra, una con geometría rectangular y otra en rombo, para diferenciar los dos volúmenes.

Integración con el paisaje

La pizarra tiene un gran protagonismo en la obra, destacandocomo material local y natural, y tradicional de la arquitectura de la zona. Los tejados, obligados por la dura meteorología, deben tener una amplia pendiente, con lo que el negro de la pizarra resalta sobre el resto de los colores. En este caso, se ha optado por la calidad de un producto ecológico como es la pizarra natural de Cupa Pizarras, tallada a mano y seleccionada en la Cantera Armadilla de Benuza, León.  

Uno de estos pequeños detalles que lo distinguen, sin desentonar, son las barandillas de color verde agua, que se funden con el paisaje, que “se ha vuelto un referente para el pueblo”, asegura Nuria. De este modo se llega a un equilibrio de integración al paisaje y modernidad.

Sus grandes ventanas orientadas al valle, a diferencia de las pequeñas que encontramos en la construcción tradicional, hacen que el exterior se integre en el interior de las viviendas. “Da pie dejarse llevar en la búsqueda de un horizonte lejano, el exterior no para de cambiar y atrapa”, nos cuenta Marta.

La posibilidad de ampliar el hueco de las ventanas nos la dan los nuevos materiales y ventanas con doble cámara, que con una capacidad superaislante ayudan a mantener la temperatura en el interior y evitan la pérdida de energía.

Eficiencia energética

Se buscó desde un principio la eficiencia energética, por eso las viviendas cuentan con un aislamiento que redujese al mínimo el consumo energético, con un aislamiento de 12 y 15 cm de espesor y carpinterías con rotura de puente térmico. Los propietarios participaron de forma muy activa en el proyecto, tomando decisiones sobre los materiales y disposición de las viviendas. Optaron siempre por las elecciones más eficientes.

Se utilizó suelo radiante para calefactar las viviendas, y aunque es más costoso en un inicio, reduce el gasto energético enormemente a largo plazo. Los propietarios tenían claro que querían una casa de montaña, con la calidez de los materiales tradicionales, pero acondicionada y eficiente.

Materiales naturales

Piedra, madera y pizarra, como materiales nobles, tradicionales y de excelente calidad, fueron los elegidos como elementos principales en la construcción del edificio. “La pizarra funciona muy bien en zonas como esta, aguanta la climatología, requiere poco mantenimiento y hace un buen juego con la piedra. Su uso durante los años demuestra que es un material adecuado”, asegura Nuria Ramos.

En el interior se utilizó madera, al igual que la estructura en cubierta y plantas de cada vivienda. Estas estructuras fueron realizadas por una empresa de la zona.

Recursos locales

Se buscó sacar el máximo partido de los recursos aportados por la región, por lo que se contrataron directamente los gremios necesarios que ofrecía el entorno. “El valle invita a trabajar con la gente de allí. La piedra de la fachada es de una cantera cerca y la gran mayoría de los proveedores son de empresas cercanas a Sallent. De esta forma reducimos la huella de carbono del edificio”, nos cuenta Nuria.

“Se trata de un proyecto indisociado del tejido productivo de la zona”, asegura Marta Badiola. Siguiendo las normativas de construcción tradicional de la región, se apoyaron en pequeñas empresas que aportaban todo su saber y buen hacer. Es el caso de un pequeño taller al que se le encargaron las escaleras metálicas. La empresa, acostumbrada al trabajo más tradicional, dio un resultado estupendo con un diseño novedoso.

Arquitectura bioclimática, elección de materiales naturales, compromiso con el entorno local y con el medioambiente, eficiencia energética… El edificio de Sallent de Gállego es todo un ejemplo de arquitectura sostenible en todos los aspectos.

Este edificio de montaña aúna tradición y modernidad buscando la sostenibilidad, tanto en los elementos utilizados como en los procesos. “Va más allá del espacio arquitectónico”, asegura Nuria Ramos. Las sinergias creadas entre propietarios, gremios y vecinos durante el procedimiento de construcción crearon una comunidad integrada y apasionada por el proyecto.

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